Poesía

Purificación y roja muerte

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La calina con el aire,
blanca luna en él se baña,
de un despampanante Sol
a fe que la hierba inflama.
Chiquillos en el umbral
de la azul choza de paja,
silencio que lleva ahora
la negra mugre que abrasa.
Penas, hambre, pero orgullo
que reina en la humilde casa
de derrotados sangrientos,
y el blanco cuerpo en la charca.
El cuerpo en medio del suelo
rezuma humedad, agua
negra, verde y amarilla,
vinagre y sal escarlata.
“ayúdeme, por favor,
que redoblan las campanas
y no sé por quién será,
si por mi cuerpo o por mi alma”.
“¿Qué será ese espeluznante
grito que el cielo relata?”,
que los soldados se acercan
por el sendero del alba,
vestido con atuendos
de blanco marfil y plata.
La estrella brilla en el pozo,
Sol en sombra, tierra flaca,
ansiosa por contemplar
la muerte de otra muchacha.
Con rabia lloran las niñas
pero el vil jilguero canta,
bajo los pastos azules
la hierba mejor cata.
Verde uniforme aparece
en la temprana mañana,
echando puertas al suelo
de la fúnebre barraca.
“Buscamos a un tal don Pedro,
traidor de esta nuestra España,
para matar con fusil
y destrozar con culata”.
De pronto se oye un sollozo,
ella es, nuestra fulana,
la madre naturaleza
que nos porta nuestra espada.
Dos disparos a lo lejos,
por detrás de nuestra espalda,
la custodia de un quinqué
y un militar se delata.
Ruido y silencio, de nuevo
otro cuerpo allí se estanca,
es un padre de familia,
en charca de serena agua.
Agujeros en el cuello,
más otros dos en la cara,
agua que se torna roja
en la fría y cruel mañana.
También roja la tierra,
ante la absurda batalla,
hermano contra hermano,
Y hermana contra hermana.

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