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La ciénaga

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Sin duda, pocos títulos resultan tan simbólicos como el de esta película, escrita y dirigida por Lucrecia Martel, autora argentina con distintivo propio.

Los personajes que aparecen en La Ciénaga se encuentran, como sucede en los lugares pantanosos, sumergidos y ahogados en un mismo universo, en este caso el familiar, acechado y estigmatizado por el trauma.

Lucrecia Martel nos sumerge, nos encenaga, en el día a día de una familia argentina que quema el verena en una pequeña villa alejada de la gran ciudad. Un canto al tiempo muerto, pero no al sereno u apacible sino al que esconde algo inquietante y sombrío. Lejos de ser la vacaciones que todos desamos, a medida que el film avanza, una serie de elementos tales como gritos, truenos, encuadres descentrados que ocultan y no dejan ver con claridad, o miradas llenas de odio y lascivia que dicen tanto sin hablar, todos ellos van a provocar en el espectador un estado de angustia constante. Éste va a percibir y sentir lo siniestro, pero no sabrá dónde se encuentra exactamente.

Narración que rompe con la estructura clásica, el tiempo transcurre y no pasa nada, por lo menos nada que pueda destacarse, pero al fin un destino fatal. De nuevo, el azar coquetea con quien menos esperamos, o tal vez sí, porque si estamos atentos, veremos que La Ciénaga está llena de símbolos a interpretar.

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1 Comment

  • Tenía ganas de verla desde que te leí este artículo… y por fin lo he hecho esta noche. Tienes razón, parece que no pasa nada, pero todo está lleno de símbolos (muchos, seguro que se me escapan).

    Gracias por la recomendación.

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