Música

El gitano

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Una guitarra que ríe y llora bajo las caricias y los azotes de unas manos gitanas. No son notas sino intensas emociones lo que consigue extraerle a la guitarra.

Jean Baptiste “Django” Reinhardt nació en Bélgica en el seno de una familia gitana y nómada en 1910. Ya desde niño, había asombrado a todos con su habilidad musical y su destreza tocando el banjo, que no abandonó hasta los dieciocho años, momento en el que, al haberse quemado una mano al incendiarse la carreta en la que vivía con su primera esposa, perdió la sensibilidad en los dedos medio y anular de la mano izquierda. Aún en el hospital, Reinhardt empezaba a convencerse de que su carrera musical había terminado prematuramente cuando su hermano, Joseph Reinhardt, le regaló una guitarra que cambiaría su vida.

Reinhardt cambió el banjo por la guitarra definitivamente, e inventó una nueva técnica acorde a sus facultades mermadas. Progresivamente se fue interesando por el jazz. Admiraba, sobre otros, a Duke Ellington y a Louis Armstrong. En el jazz encontró la perfección formal y la precisión instrumental, carentes en la música popular, que admiraba en la música clásica (según sus propias palabras).

En 1931, en un club de Montparnasse, Django conoció a Stephane Grapelli, y quedó impresionado por su virtuosismo con el violín. Desde ese momento empezaron a tocar juntos. Esta unión culminó con la fundación del Quinteto del Hot Club de Francia, grupo con el que obtendría fama y reconocimiento internacional.

Durante la segunda guerra mundial se separó de Grapelli, puesto que éste se quedó en Londres, y salvó su vida por ser el protegido de un oficial nazi admirador suyo. En los años siguientes Django compartió escenario con todos los “jazzmen” americanos que visitaron Paris. En 1946 viajó a Estados Unidos para hacer una gira como invitado especial de la orquesta de Duke Ellington.

Debido a un fatal golpe le sobrevino una hemorragia cerebral que acabó con su vida en 1953 a los 43 años de edad.

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2 Comments

  • Ya tenía ganas que hablaras un poco de Duke Ellington. A ver si un día le dedicas un artículo y nos explicas más cosas sobre este monstruo de la música.

  • Deliciosas coincidencias; casi hacía un mes que no nos veíamos y ayer bailábamos y bebíamos juntos en el “Cangrejo”… Te comenté que había pasado la tarde bebiendo (de nuevo) y disfrutando de una película. No te dije cuál había sido, pues bien, era “Swing” de Tony Gatlif y recreaba una pequeña parte de la gran historia de “Django”…Ahora leo tu artículo y veo que se lo has dedicado a él…

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