Prosa

Vecina

Escrito por

Era una tarde de Marzo. No recuerdo la hora ni el día exacto. Había acabado de cenar con un amigo. Estábamos apurando un Priorat. Nos reíamos viendo en la televisión un programa estúpido sobre gente famosa que estaba obligada a comer insectos.

En un piso de esas dimensiones cualquier movimiento se convierte en un golpe brusco. Si abres la puerta de la cocina, puedes golpear, obviamente sin querer hacerlo, la puerta del pasillo. Si mueves, más de la cuenta, la mesa del comedor, acabas golpeando el cristal de la ventana. Yo, al levantarme golpeé, con la silla, la pared a la que estaba dando la espalda. En menos de un segundo, desde esa pared, se oyó como picaban. Un golpe seco.

Desde ese día, mi relación con el vecino de al lado, se convirtió en insoportable. No lo había visto nunca. A veces, me imaginaba cómo debía ser. Una anciana, tal vez, harta de ruidos y de la vida misma. Un hombre agresivo y alcohólico. No lo sabía. Lo único cierto era que cada vez que hacía más ruido del normal, desde el otro lado de la pared, me respondían. Si tenía la radio alta, me ponían la radio. Si me dedicaba a mover muebles, mi vecino también lo hacía. Incluso, si invitaba a alguien a cenar y charlábamos hasta altas horas, él también invitaba a alguien.

La situación era insostenible. Parecía que, entre mis golpes y los suyos, iba a caer la pared. Desesperado, salí del piso en pijama, y toqué el timbre. No me lo podía creer. Cuando tocaba su timbre, sonaba el mío. Volví al piso. Cuando abría un grifo, él también abría el grifo. Cuando gritaba basta ya, él también gritaba basta ya. Y cuando me pegué un tiro, él también lo hizo. En dos meses alquilaron mi piso una pareja joven. Y el piso de al lado también, aunque éste lo tuvieron que arreglar, porque hacía años que allí nadie vivía.

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3 Comments

  • En la Antigua Grecia conocían muy bien el poder purificador de la catarsis. Dos mil quinientos años después, tú también lo sabes. Muy bien Albert, ahora sólo tienes que dejarle una copia del relato bajo la puerta…

  • excel.lent relat, curt però intens… i el que és més important m’has tingut inquiet fins al final. Felicitats.

  • Gràcies per llegir-me, Òscar.

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