Crisis o putrefacción

Escrito por

El hombre de occidente se ha constituido a lo largo de la Historia como un ser espiritual, expulsando de su paraíso todo aquello que apestase a orgánico. La infinita sustancia autónoma y justiciera asfixió al cuerpo por ser culpable de encarcelar al alma. No en vano, el hombre espiritual pudo conocer mejor que nadie a la muerte, pues ésta habitaba en vida, y de esta forma se anticipaba a los paganos que jugaban en desventaja.

La intención primordial no era inventar una moral para poder convivir en armonía, ni edificar catedrales como inversión de futuro, tampoco estaba en su fin más próximo crear una ideología para mantener aterrorizado al vulgo. No os confundáis, lo que realmente perseguía esa mayoría resentida era exhalar el ambiente con olores putrefactos porque valoraban la vida como una enfermedad mortal de transmisión sexual.

Aunque se debe reconocer la gran labor social del cristianismo, ya que durante su permanencia ha sabido amainar neurosis y crisis existenciales tan en consonancia con el hombre posmoderno de hoy, desamparado por el infinito cosmos. Su garantía de un mundo post mortem es digno de aplaudir, pues todo ser humano busca ansiadamente esa inmortalidad para así poder sucumbir ese sentimiento trágico de la vida, causado por nuestra consciencia de la muerte. Es por ello que ansiamos tener un Dios que nos consuele de nuestra soledad terrenal.

Por esta razón, tras la auto supresión de este sistema piramidal tan bien cohesionado, nos vimos abocados en una crisis permanente que aún no sabemos como superar, pues la ansiada libertad se ha tornado contra nosotros porque quizás no tengamos la madurez suficiente para aceptar su fugacidad, o lo que es peor, que sea un animal enfermo, como decía Unamuno, con hambre de Dios.

  • Comparte:
  • Facebook
  • Twitter
  • Tuenti
  • Digg

facebook:

3 Comments

  • Más cuerpo, más Epicuro y menos ostias… si señor

  • Buen artículo, Pilar.
    Tendríamosd que hablar más del cuerpo. Más Epicuro, y menos Prozac!

  • Gracias.
    “Bienaventurados aquellos que creen, pues desde las alturas podrán calmar su sed de venganza escupiendo a los herejes.”
    (cita no literal de nuestro amigo, siempre cómico, St.Tomás de Aquino)

Responder