Mi mano derecha

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Hace un tiempo que mis manos se llevan fatal.

La diestra se debió hartar un día de tanto agravio comparativo: mientras su compañera se entregaba a la desidia, a ella se le confiaban todas las tareas.

La gota que colmó el vaso debió ser el Rolex que hace un mes coloqué a la izquierda en su muñeca. Ese mismo día intenté aplaudir y ambas se cruzaron en el aire sin llegar a encontrarse. Desde entonces la derecha, despechada, no responde a ninguno de mis dictados y actúa con una independencia retadora. Delega las labores más ingratas en su contraria y me pone en un brete continuo: ayer mismo en una reunión de trabajo se dedicó a hurgar en mis narices, hoy a la mañana – cuando se lo he reprochado me ha soltado un soplamocos- ha pellizcado en el trasero a la vecina del quinto. Prescinde de los cubiertos, roba en el supermercado y hace gestos obscenos a la policía.

Es inútil, créame, recluirla en un bolsillo o intentar controlarla llevando el brazo en cabestrillo.

Por eso, amigo mío, hágale caso y deme su cartera. La muy puñetera es muy capaz de apretar el gatillo.

Aster Navas.

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5 Comments

  • Al equipo de redacción:

    ya tardan, señores, a fichar al invitado de este mes.

    Me ha gustado ASTER, felicidades.

  • Estamos en ello, PTK.

    Es un escrito, verdaderamente, genial.

  • Gracias

  • Hola, Aster. Andaba enredando a horas indebidas y me he topado contigo. Ahora yo también pierdo el tiempo con esto del bloguerío.
    Bonito tu relato. Un saludo.

  • Un placer, Noemi, encontrarnos aqu.
    Excelente -he tomado nota de tus recomendaciones literarias- tu blog.

    Un besote.

    Aster.

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