Música

Flash Bach

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Una hora y diez minutos de viaje. Una hora y diez minutos para recorrer una distancia de unos sesenta kilómetros. Una velocidad media que no llega a los sesenta kilómetros por hora.

Pocas veces el hilo musical del tren tiene el volumen adecuado. Cuando no está desconectado, o a penas se oye, o hasta distorsiona. Hoy he tenido suerte. Toda una serie de fugas de Bach. “¿Se está usted distrayendo o está trabajando?”. Una cabeza aparece de entre la cuatríada de asientos adosados a los dos que ocupan un hombre y su ordenador portátil. “Trabajando”, le responde. La cabeza le mira fijamente durante unos segundos y se retira. Al poco vuelve a aparecer: “¿Puedo mirar una cosa de Canarias?”. Tocata y fuga en Re menor. Está a punto de llegar a la fuga. Lástima que es la versión para orquesta y órgano. Solo con órgano es perfecta, matemática. “No tengo Internet”. Le vuelve a mirar fijamente un par de segundos. “Disculpe, gracias”. ¿Estaría bien su mujer? ¿Le habría afectado el deslizamiento? Empieza la fuga. Baja por la escala menor de Re desde la cuarta, alternándose entre nota y nota con la quinta. Sube ligeramente, deteniéndose al empezar a ascender desde un La una octava por debajo del inicial. En el transistor no dicen nada más. Ahora mismo su mujer podría estar enterrada bajo toneladas de escombros. La cabeza ahora es un cuerpo anciano que se tambalea ante mí. Ha decidido bajar en la siguiente parada y buscar un teléfono. Es el momento culminante de la fuga. Las notas se persiguen raudas hacia la meta del acorde disminuido. Re, Mi, Fa, Sol, La, Si y Do sostenido se turnan el protagonismo en una orgía frenética hacia el éxtasis. Justo en el momento cumbre, la música se interrumpe, y una obscena fanfarria da paso al anuncio de la siguiente parada. Como la vida misma.

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1 Comment

  • Eres un poeta, sin saberlo. Mira cómo juegas con el título…. cada vez lo haces más.

    Te tendremos que comprar una bufanda de colores y una americana de pana.

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