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  • NI UN RESQUICIO DE LIBERTAD

    En la sociedad actual estamos acostumbrados a emitir juicios críticos de todas las acciones de los demás, sin tener en cuenta el contexto en el que se dan.

    En el caso de los niños por ejemplo, a estos también se les exige realizar sus actividades de una forma “correcta”. Digo “correcta” entre comillas, por que en el caso de estos hay que tener en cuenta que están en pleno proceso de maduración con lo cual no se pueden valorar objetivamente sus acciones. Cada dibujo, cada palabra, cada cosa que hace un niño es perfecta, porque es lo que necesita expresar en ese momento para su correcto desarrollo, y lo mismo ocurre con las personas con retraso mental.

    En los tiempos que corren, las personas hacemos todo para los demás, no para notros mismos. Hacemos cualquier cosa influenciados incoscientemente por el qué dirán. Desde muy pequeños perdemos la espontaneidad en nuestras creaciones, y en nuestras actitudes por la fuerte presión que ejerce la sociedad en nosotros.

    A mi parecer las relaciones humanas serían infinitamente más ricas si se dejaran fluir libremente los pensamientos y las emociones, sin tapujos, sin miedos, pero siempre dentro de unos límites que salvaguardasen unas normas éticas. Parece que somos libres en cuento a la forma de actuar para con los demás, en las elecciones de nuestra vida cotidiana y en las direcciones que tomamos para llevar a cabo nuestra vida, pero por desgracia esto no es así.
    Somos presos de la sociedad, títeres de un teatro, donde tenemos que cumplir con el guión sin salirnos de él para mantener así, una vida aparentemente feliz.

    Por todo esto creo que debemos actuar paliando esta situación de alienación que nos afecta, en la mayor medida de lo posible.
    Parece una exageración, pero si no luchamos por ser nosotros mismos, por seguir nuestros principios, estamos avocados a una automatización de nuestra vida en función de unos cánones impuestos.

  • Bien, Aida, bien. La vida es permanente elección, aunque elijas no elegir nada. Pero qué felices seríamos si no estuviésemos permanentemente pendientes de quienes nos rodean. Me mareo al pensar en el infinito alivio mental que esto representaría…

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