Embebecimientos

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A veces esas formas de pompas esos brillos en la escueta esfericidad de lo que escribo son más bien una suerte de tentáculos a lo Gorgona de conocer un mundo. Uno cualquiera, no especulen, o sí, háganlo y exageren en ello pues ya habrán recorrido un amplio trecho. Y ahora viene cuando intento explicarme y la explicación es una duda enormísima que así queda, con la ornamentación de todas las interrogaciones del Universo mundo. Es una forma audaz y ávida, una forma del hambre que se conjuga con la intriga de aprender nuevos rincones que no están dentro de mí. Un ejército de ojos destinados a espiar cualquier rincón, un envés de la realidad que desconozco. Algo que creo y es tan ajeno como propio sale a andar, al principio de mi mano pero pronto recorrerá mundo cerca de mis ojos pero lejos de mi sed de demiurgo pues es lo que tiene el libre albedrío del que se dotan los seres que apasionadamente y dolorosamente salen de ella, de mi mente, peculiarmente, salen porque es una cárcel rara y absurda sin grilletes. Y a partir de ahí el caos, porque yo no sé y ellos encuentran y descubro de su mano que no al contrario. Y si digo que hay un gato es que lo hay y si digo que ve un cuadro es porque él me lo cuenta, porque jamás podría yo pintarlo para su contemplación y así se asombra el gato. Y yo me asombro el doble por el asombro y por la sorpresa del gato que no espero y que en cualquier rincón, ya dije, nos ataca de un zarpazo sustancial y absoluto que es un abrazo en el que llorar de pasmo. Una respiración flemática que pronto el aire, un aire, ya ven, deformará y vertebrará para darle un par de manos o quizás tres con los que aprehenderlo todo.

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