Cuando 2 y 2 no son cuatro

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Me voy de viaje unos días, ya nos veremos cuando regrese dentro de unos años si aún sigues vivo. Quizás mate a mi padre o al amante de la madre de mi enemigo, dependerá de quien encuentre primero, aunque creo que soy más yanqui que nipona a pesar de las apariencias. Luego, si investigan cuando vuelva, verán que mis manos son inocentes porque mi delito no habrá sido consumado, ya que ni mi padre será asesinado a los quince años, ni mi enemigo dejará de tener ganas de ser destruido, lo cierto es que no sé que sería sin él. Pero aún así, el inspector seguirá sospechando sobre las intenciones últimas de mi viaje, intentando desvelar lo que ya está patente pero que no ve porque el aburrimiento le instiga a buscar en lo más hondo. Le suele ocurrir con demasiada frecuencia, como aquel día, cuando íbamos hacia el tren, sin percatarse del fratricidio que se estaba cometiendo en la esquina de la estación, por parte de un gemelo, que nunca soportó que su hermano intergaláctico conservase un mejor cutis.

A pesar de mi insistencia viajamos de nuevo juntos, aunque nada, absolutamente nada cambió. Allí estaban los dos, vivos, como si yo nunca hubiera estado allí, aunque sin embargo me pareció que uno de ellos me había reconocido, seguramente fue por mi mala consciencia. Sin faltas que me inculpasen regresamos de nuevo, aunque antes de hacerlo los volví a matar, a los dos, porque quizás la onceava ocasión era la definitiva. Mi sorpresa llegó cuando volví al futuro y recibí la noticia de la muerte de mi querido amigo y enemigo, aquel enraizado aristotélico que nunca creyó en las nuevas teorías por nostalgia. Se resbaló aquí, un domingo, en la bañera mientras rellenaba las juntas de los azulejos…mierda, otra vez la urticaria… dónde habrá guardado… no, el antihistamínico no, el yeso de las juntas.

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3 Comments

  • Impresionante, Cobo.

    Cada vez me gusta más lo que escribes. El yeso, en definitiva, nos está matando a todos. O no.

  • La paradoja de los gemelos, las once dimensiones…qué física que estás!

    Coincido con Albert. Me ha encantado.

  • Muchas gracias!!
    S´´i, el yeso como pura ambivalencia existenciaria, capaz de curar la somatizaci´´on como dejarla podrir tras tapiarla (hasta que un nervio ocular reviente). Es el principio y el fin?, quiz´´as, no lo s´´e, hay demasiado contradiçao.
    Bueno, a lo mejor alg´´un d´´ia en vez de ir al campo, viajemos en el tren de Einstein para saborer la tranquilidad de la linealidad newtoniana.

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