Inundación y lepra

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Llevo varios días triste y ya descubrí el porqué. Es mi casa que me está intoxicando. Y hablo del edificio, de los ladrillos y los cojines, que me están envenenando. Del suelo, de entre las vetas de la madera, sale un vapor que ayer intento arrancarme los ojos. Llegué del hospital y entré en el salón a oscuras y me di cuenta de que jamás había visto una habitación tan triste. Ha estado tanta soledad, tanta aflicción ocupando, que las sillas han terminado por desfondarse y el brillo de los suelos ha cedido y ahora es irrecuperable. Tanta sustancia de muerte.

La amargura ha iniciado un proceso irrevocable de desertización que avanza como un lodo melancólico dejándolo todo dolorido y perdido.

Los muebles crujen a sollozos y las paredes te oprimen intentando buscar como tú, un apoyo. Es una casa inhabitable, las cortinas son párpados de batista entre las que se derraman lagrimas de agua y polvo. Y sea la hora que sea, la luz es como la de una bombilla sucia que llega desde un ángulo escondido.

Bajo las escaleras, aturdida y somnolienta, la pintura se ha resquebrajado y me araña las palmas de las manos en un alarido táctil que no es capaz de despertarme del sopor. La madera está fría y el mármol está caliente. Pero nadie se ha dado cuenta.

Todo es exactamente igual que antes, cualquier ojo podría corroborar, y sin embargo aspiro la atmósfera y se me encoje el corazón angustiado. La madera terminará por pudrirse de manera invisible, las camas endurecerán y los edredones encojerán atemorizados por los pasos grasientos de la destrucción. El sofá se ha tornado rígido, encolerizado. Y las lámparas del cuarto de baño pestañean muertas de miedo.

Puede que si me quedo aquí me vuelva como ellos, como los que salen y entran y como los que no pueden escapar de la toxicidad de esta casa que se contrae espasmodicamente. Quizá quede disminuida y acortada y se me agarroten las manos y se me sequen los ojos de no poder llorar. Puede que algún día ya ni lo note y deje de intentar sofocar este ahogo, ablandar esta pena, consolar este ánimo cuarteado.

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