Se conocieron en el funeral de un amigo común.
Estoy tan… no sé; me siento tan… -dijo ella.
Consternada -sugirió tÃmidamente él.
Se vieron durante un tiempo.
Tal vez… se me ocurre… claro que no sé qué pensarás tú. Tal vez podrÃamos vivir… -propuso ella.
Juntos -concluyó él.
Creo… claro que habrÃa que confirmarlo… que estoy… -anunció ella, al de un par de años de casados.
Embarazada -dedujo él.
Vino después el desencanto y ella le reprochó lo que ya era un secreto a voces.
No es necesario que te inventes más congresos. Ya sé que este fin de semana has quedado con… ya sabes… tu -le reprochó ella.
Amante -reconoció él.
Quiero que sepas que eres, eres… -se irritó ella.
¿Despreciable? -preguntó él.
No. Eres un… lo tengo -es una palabrota- en la punta de la lengua; eres un…
¿Un hijoputa? -reconoció él.
No exactamente; eres un… le espetó.
¿Un cabrón? -aventuró él.
SÃ; pero un cabrón, cabrón; un cabro…
¡Ah! Un cabronazo -sentenció él.
Eso mismo -le abrazó, aliviada: sin aquel tipo estaba perdida; no encontraba, ya saben…, las… sÃ, hombre; las…
En fin.
Aster Navas.



Genial, como siempre, Aster.
Chic@s, os agradezco que me hospedéis de nuevo en vuestra habitación.
Lamento no haberos dado las gracias antes pero ando -comienzo de curso- un poco desbordado.
Un abrazo.
Aster