Música

Klaus Hoffmann

Escrito por

Aprender una lengua, sea cual sea (aún que se trate de lo básico), permite descubrir todo un universo escondido bajo los garabatos ininteligibles de su ignorancia. Entonces, se desmorona aquello de que las lenguas son solo una herramienta de comunicación. Aquello que los pragma-dogmáticos de todo el mundo pretenden hacernos creer. Pretenden, aún sin saberlo, la negación de la cultura, la destrucción de todo lo que no sirve para algo, confundiéndolo con lo que no sirve para nada. Aprender una lengua le enseña a uno lo ignorante que es y lo poco que sabe en realidad sobre el pretendido poco sorprendente universo cultural. Aprender una lengua permite la indiscreción de ver la intimidad de los autores en su propia casa, en su propia cultura. Y nos permite también corroborar que el hecho de que la línea que separa la música de la poesía es casi inexistente, es algo común.

Un niño en la ventana de su habitación, después de una discusión paterna, experimenta su primer contacto con el embrujo de la belleza, con la pasión, con lo que le dará sentido a su vida. Como decía Neruda, quien evita una pasión evita vivir.

Tanze, Gerda, tanze,
tanz die ganze Nacht,
brauchst sie nicht zu fürchten,
wir geben schon drauf acht,
daß nicht die Alten kommen,
tanze, Gerda, tanz.

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