Prosa

Vaivén

Escrito por

Dice la Irreal Académica de nuestras lenguas que el vaivén es un balanceo. Y, ni siquiera, sabe cuál es nuestro columpio secreto. Dónde estarás ahora. Siempre con el vete y ven, con el ahora desaparezco y ahora regreso, con el estoy pero me voy. Cada vez te siento más lejos y, de repente, estás a mi lado, conmigo, contigo, con ves a saber quién. La belleza no es el momento de unión, necesariamente. De acuerdo. Pero sí que lo es nuestro olor, el tacto de tu voz, de nuestro péndulo de Foucault.

París tampoco está tan lejos para una musa. Es un golpe de tren, de avión, de sentimiento. Te leo en Vila-Matas, en Echenique, en nuestro maestro de cronopios, y sólo me siento como una fama. De acuerdo, de nuevo. Soy yo, acaso, el que mueve el péndulo, el columpio, el vaivén. Y ahora me quejo, me distraigo, suspiro. Tienes razón. La tienes. Pero quiero quererte como se quiere queriendo. Y, cuando lo intento, sólo me salen estos juegos de palabras usados, fáciles, planos.

Escribir, escribirte, cada día me cuesta más. No se trata de talento, de saber recordar, dibujarte. Es una cuestión de moderación. A veces el vaivén, el columpio, el péndulo, va a toda velocidad. A veces, se detiene, se para, se niega a moverse. Y la prosa también se detiene. Tú eres mi prosa, y sin ti, no hay literatura posible.

Incluso, he comenzado a plantearme dejar la Garamond, las películas de Novell Vague, la chaqueta de pana, nuestras canciones de Antonio Vega, o el vino enfrente del Convento. Pero el personaje, el que se sienta(e) enfrente del teclado, es eso. Nada más. Ahí está Albert pero, ya lo sabes, es otro Albert. Uno que te mira a todas horas, que te busca en el metro, en las calles de Barcelona, en los instantes en que me ahogo. Y el vaivén me tiene hoy, más que nunca, demasiado mareado. Cógeme.

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3 Comments

  • Un final cojonudo, Albert. Así de claro.

    Y la e entre paréntesis, jeje… ¡Original!

    Sísifo empuja que no para, ahora, que como bien dices en el editorial, el foro está tan activo.

  • Sí, Pablo tiene razón la (e) es un signo, es una unión a mi pecho, indescriptible.

    Paris está en mis ojos, los noto cargados de calles y cafeterías de hermosas ventanas.Mi boca, al leerte, es su café caliente.

    Te cojo, te mezco, y el penduleo es un vaiven de cuerpos que se acarician, al menos un momento, nosotros somos el vaiven del péndulo y el mundo un eje inquieto que no nos puede separar.

    Me buscas y yo estoy saliendo a tu encuentro, que es otra cosa.

  • Os quiero, lo sabéis, no?

    Portaros bien en Madrid. Pensad en la envidia que me dáis, que no es poca.

    Rusita, en fin…

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