Prosa

Acentos

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El acento es la parte más bella de una mujer. A mí me gustan las piernas, los ojos, la sonrisa, el cabello y, exageradamente, los hombros. Pero puedo pasar por alto cualquier cosa, cualquier detalle, si mi futura amante tiene un bonito acento.

Me gusta que me hablen por teléfono. Que me giman, que se acuerden de mí y que me dejen mensajes en el contestador. A través de su acento, del acento que me pone a mí y a nadie más, sé si está triste, si ha tenido un buen día o si nos espera una sesión de acentos pasionales. Lo sé, es cada tonalidad, cada pico de voz, cada mueca sonora. Son los verbos dichos con rotundidad, y los adjetivos con una gracia incuestionable.

No es fácil encontrar un buen acento. Cada mañana, cuando subo en el metro busco uno nuevo. Sé oler a través de ellos. El otro día me encontré, en el vagón, con una dama, de frente, insultantemente perfecta. Cabello largísimo, negro, y una sensualidad animal. Me miró, me sonrío de manera inexplicable y me preguntó la hora. Su acento, su estupidez llevada a la boca, como si de vómitos continuados se tratara, hizo que ni le respondiera. La belleza, a veces, es tan relativa…

Yo sólo me enamoro de acentos. De voces dulces, suaves, que sepan atraerme, de poseerme y de hacerme perder la cabeza. Todo lo demás es secundario. Importante, tal vez, pero secundario. Una entonación, un ritmo determinado, un tempo. Para mí, existe una prueba incuestionable, con la que salgo de dudas enseguida. Si una señorita me sabe conquistar con su voz, cuando tiene anginas, es la mujer de mi vida. Parece estúpido, y lo es, pero yo ya sé porque me lo digo.

El acento es, nos guste o no, el alma de la personalidad. La piel tersa es hermosa, irresistible, pero con fecha de caducidad. Esos senos duros, rebeldes, desafiantes son una una herramienta de conquista muy efectiva. Pero esa voz, esa súplica, esa sonoridad que efectúa cuando sonríe… cuando piensa en mi sexo, en nuestro sexo, eso no tiene rival, ni competencia. Cuando me pide, me exige, me ofrece. Y es que cada uno sobrevive como quiere o puede. Yo, perdónenme la simplicidad, con mis acentos.

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10 Comments

  • el acento en el vaivén de noviembre, en estos acentos de febrero…una simplicidad…de agradecer… brutal…

  • Gràcies, Anna

    Ets molt amable!

    Petons!

  • Encantador, buen gusto. Te he de prevenir de que te has dejado una tilde en la palabra “porque”.
    Soy una loca de las tildes… ja ja ja.

  • ha ha… Gracias Nosololaura! Siempre se me escapa algo…

    Lo cambio en el original.

    Besos!

  • Parlar de la bellesa d’aquesta manera m’ha semblat molt bonic!

  • Gràcies, Elisabeth

    Un plaer.

  • si te enamoras de los acentos y no de el fisico, podras llegar a tener una buena mujer…

    y si esa mujer no te sabe corresponder seria una bruta, por que una persona que piensa como tu…
    … se meereceeeeee eso y hasta maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaasssssssssssssssssssssssssssss

  • Gracias, yhennyfer

    Tampoco le haremos un feo al físico, eh?

  • joder que bueno!! me requetegusta. A mi también me pasa eso que dices de los “acentos”, aunque nunca había llegado tan lejos, simplemente creía que era una cuestión de voces…pero tienes razón, es por mucho más. Buff, no tengo palabras!

  • Gracias, Lady!

    Un placer, que me leas.

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