Prosa

Llaves

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Un libro, unas herramientas para dibujarte, con tus círculos y tus cuadrados, tres velas de sabiduría, fuerza y belleza que nos iluminan en estos deltas de iniciación, de J&B y de columnas que sostienen nuestra pasión indecible. Hemos pasado de la operación de besarnos a especular sobre los símbolos de nuestras caricias.

Somos autodidactas que salen de las tinieblas, aprendices, compañeros, aspirantes a maestros de un blanco y negro, de un yin y un yang, de una piedra que, juntos, iremos puliendo para hacerla cúbica, púbica, secreta. Será nuestro ángulo, nuestro principio, nuestro salir de la caverna y comenzar a construir un templo de espejos, de ritos y de mandiles. Estómago, corazón y cabeza. Coraje, sensibilidad y alma. Todos, juntos, paseando por doce signos de nuestro zodíaco particular. Cosmogonía de un individuo que, a través de tu piel suave, infinita, inmutable, se hace universal.

Somos el prototipo de la creación de tu silueta, de fondo, de sombras que van haciéndose reales, que pasan de la potencia al acto, que se actualizan entre sábanas, cadenas de unión y una estrella de cinco puntas, de una nueva vida, de una nuevo proyecto, más allá de la nada. Hemos tirado los oxidados martillos y hoces para esculpir una nueva utopía a golpes de cincel y mazo. Se trataba de eso, no de dejarnos seducir por la destrucción, sino de ver lo que había debajo de la masa, en el matiz, de hacer del manierismo una forma consciente, compartida.

Tú, olor a azufre y mercurio, a sol y a luna, a libertad, a nuestra fraternidad de medios días y medías noches, de sexos salomónicos, de arquetipos innatos de un baile sagrado. Somos la transmutación de todo dogma, de toda adoración, de tanta estupidez pesada, de tanto metal y tanta puerta cerrada. Y la llave, del número, del peso y de la medida, la tenemos nosotros. Una llave de rincones desnudos.

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