Augustus Octavius

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Al empezar el 2008 decidí hacerme un calendario encabezado por un retrato de Virginia Woolf por aquello de la cuesta de Enero, una foto de la dulce y desamparada Gelsomina para los cambios de Junio, una caricatura de Bukowski en la cabecera del gris otoñal o la imagen de Kierkegaard para la desesperada Navidad. Pero para agosto no podía elegir ni a Picabia ni tan siquiera al misterioso Cravan, no, para Agosto hasta Focault se me quedaba oscuro porque Agosto no es sólo el octavo mes sino que, sobre todo, es el sexto mes romano, es el mes de Augustus Octavius, quien saltándose las alternancias de los días mensuales, consiguió que su mes obtuviera 31 aunque no tocase.

Si Augustus pudo alterar el orden de todos nosotros, que nos impide a nosotros mismos cambiar las reglas durante este mes, alejándonos del trabajo, dejando nuestro hogar e incluso mudando la piel. Sí, ya sé, a esto se le llama vacaciones, pero no es suficiente, no lo es, porque ya lo hacen demasiados, y esto difumina aquello de la originalidad, del aura, que tanto repelús causaba en Benjamin. Puede que la solución más transgresiva, y más barata, sea hacer el agosto en febrero pero faltarían días y haría demasiado frío, incluso hacerlo en julio no tendría la misma gracia porque no estaría en el centro del ecuador. No, el agosto se tiene que hacer en agosto, sino no sería agosto, y entonces Sócrates no sería hombre ni mortal. Silogismos a parte, se debe aprovechar el agosto aunque sólo sea para que nuestros íntimos reciban nuestras postales, aunque sólo sea para que nosotros recibamos las suyas y, aunque sólo sea, para que en septiembre tengamos una foto entrañable encima del escritorio que quizás aprovechemos para ponerla en el calendario del 2009. Bon agost!

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