Arte

¿Vecino, tendría un poco de sal?

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“Si quieres recuperar tu maceta, deja algunos caramelos en su lugar”. Esta fue la nota que mucho tiempo atrás unos amigos y yo le dejamos a la vecina después de haber robado su geranio. Algo similar, pero con menos extorsión y alevosía, fue lo que Kevin Harman, estudiante de bellas artes en Edimburgo, practicó al robar doscientos felpudos del vecindario de Brunstfield al mismo tiempo que dejaba esta nota: “sorry for the inconveniente, I’ve borrowed your doormat and I’ll be in contact soon”. Harman utilizó los doscientos felpudos para la creación de una escultura que más tarde expondría en la muestra anual de la universidad. Sin embargo, la escultura no era más que la prueba tangible, y probablemente vendible, de lo que realmente había supuesto la obra. Como el mismo Harman confesó a uno de los vecinos a quienes les había burlado el “welcome”, lo que pretendía provocar al robar los felpudos era que los vecinos hablaran entre ellos aunque sólo fuera para comentar el hurto. Harman quería que aquella gente de Brunstfield abandonara por un momento su exacerbado individualismo y advirtiera la presencia de otros justo al lado de casa. Así, la creación de una obra para ser expuesta no había sido el fin del artista, sino algo mucho menos asible, las relaciones sociales. Quizá Nicolas de Bourriaud hubiera incluido esta obra en lo que él mismo bautizó como estética relacional, un conjunto de prácticas artísticas que, como Harman, tantean la posibilidad de nuevas formas de vida mediante las relaciones sociales.

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