{Imagen obtenida de la galería del productor Ezekiel Montes}
Que vaya por delante que Lander Camarero es amigo mío. Que vaya a continuación que Lander es un buen director. Su corto Montenegro en camino por las sinuosas y, a veces, arbitrarias aguas de los festivales veraniegos es representate de la que será la última (pongamos la penúltima si hay suerte) generación de cineastas de cine clásico o si se quiere cine-cine. Realizadores que dominan a la perfección el lenguaje instuticional del cinematógrafo pero a la vez capaces de romper la transparencia, dejar visible el sistema de construcción y utilizar las técnicas que nos dejaron los cineastas modernos.
Montenegro tiene un poderoso pulso visual que nos adentra en un realismo estilizado, fabulador, dramático y profundamente humorístico. Se le puede achacar un cierto hermetismo en la interpretación y un cierre desalichado, menos vehemente de lo que la estructrura de un cortometraje necesita. Sin embargo, el corto engancha, es ameno, utiliza con fortuna la ambigüedad y se ve con facilidad. Es una pequeña píldora, tal vez demasiado pequeña, que nos incita a tomar la próxima.
Dentro de poco este cine que conocemos y del que siempre hablamos será otro cine. Un cine que jugará dentro de otras rutas de exhibición y de creación; buscando tal vez terrenos alejados a la pura narratividad ¿Quizás más poéticos? ¿O más descriptivos? ¿O más ensayísticos? Todos futuribles en cualquier caso. Por ahora solo podemos disfrutar de los estertores de este tipo de cine que nos ha acompañado durante más de un siglo. Es decir, desde que nacimos. Evidentemente Montenegro no es el ejemplo más ilustre que podemos traer a colación sino uno más proletario y humilde; hecho por pura cabezonería y ganas de hacer cine. Pero que a su vez es un ejemplo claro de que todavía este medio (aunque nos empeñemos en matarlo) tiene el suficiente prestigio y atracción para que muchas personas gastemos no solo el dinero de una entrada sino la vida misma. Qu’est-ce que le cinéma ? Pues no lo sé.
{Puedes ver el cortometraje AQUÍ}



Dile a Lander que Madrid Sísifo está esperando cortos suyos. En cuanto los meta en Youtube o en Vimeo que avise y los colgamos aquí.
El corto tardó en llegar pero la espera mereció la pena. Para mi gusto, empieza algo flojo pero poco a poco va cogiendo ritmo y consigue acabar con una media sonrisa en la cara del espectador. Objetivo conseguido.Felicidades.
Eso sí Lander, por si lees esto, me gustaría volver a verlo en ese dvd que nos ibas a mandar ;p
Hemos conseguido un enlace para ver el cortometraje de Lander Camarero: Montenegro: http://es.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&VideoID=41895441
Ancho de banda obliga a perder la calidad de los 35mm. La iluminación, por ejemplo, es bastante más oscura de la que pude disfrutar en el festival de La chimenea de Villaverde 2008. Sin embargo, es suficiente para sacar un juicio valorativo. Espero vuestros comentarios con impaciencia; creo que de esta forma, con una pieza base, el debate y las reflexiones teóricas pueden ser más y mejores. Por otro, para eso estamos, el director (le rogaré un poco) responder todas vuestras preguntas y criticas (buenas o malas, eso da igual)
Aupa a todos. Aquí el supuesto director.
Antes de nada, decir que he tenido que tirar de diccionario para entender la crítica. A ver si nos esforzamos un poco en llegar a un máximo de público. Ejemmmmm.
La primera línea del artículo del Honoris sin causa Leandro Alarcón, diciendo que es colega del director… Aclaro que no. No lo somos. Lo digo para que podais fiaros más de su criterio.
La verdad es que estoy de acuerdo con lo que el Honoris ha escrito. Salvo en la parte apocalíptica de que el cine clásico va a acabar desapareciendo. Yo no lo creo así. Pero sí que es verdad que es difícil encontrar en cortometrajes académico (clásico), pero a la vez, con criterio personal (originalidad). Y creo que para poder aportar originalidad hay que dominar las técnicas de toda la vida y comprenderlas.
Que no es fácil.
No digo que yo lo consiga. Digo que creo que es importante esforzarse en ello.
Por lo demás no creo que sea un corto como para debatir mucho. Es una narración que como bien dice el Honoris no tiene el Tximpun de batería al final a la que estamos acostumbrados en la narrativa de un cortometraje. Sino que tiene varios mini-clímax que desinflan esa sensación que se espera del final de un corto. Y encuanto al hermetismo, o mejor aún, ambiguedad de la actuación que se menciona en la crítica… También estoy de acuerdo. Pero eso es por intentar crear demasiado personaje en una interpretación de menos de diez minutos. Ese creo que es el error de dirección y de guion.
Por lo demás, agradecer el tiempo empleado por los editores de esta revista en Montenegro. Especialmente al Honoris. Al que tal vez deba invitarle a unas cañas en el Eusebio, para conocernos y demás.