Hipermetropía

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Me confieso, soy hipermétrope pero esto no es más que un dato subjetivo que no interfiere en el todo objetivo, siempre inmune a mi disposición visionaria que, aunque es neutral y sin prejuicios, he de reconocer que hay un inicio no escogido que se podría llamar cultura, que condicionará hasta el resto de mis días. Azar importante pero no completamente decisivo. Pero insisto que esto no es más que un accidente de la vida cotidiana y que nada tiene que ver con lo otro global que es a fin de cuentas lo que realmente tiene algo de significado completo.

Pero, ¿qué es lo otro? A veces pienso que es la pura extensión del no-yo, casi siempre cuando estoy enfurruñada, por lo que no puede ser cierto porque cuando no lo estoy, siento que el otro es el sí-yo. Pero a quién le importa lo que yo piense del otro, lo que importa es saber lo que es el otro en sí y no en mí; simplemente a priori, porque a posteriori no da tiempo, porque la vida va demasiado en serio para acabar esta tarea desde la empereia, porque somos seres finitos y por ello imperfectos para pensar que podemos concluir con el saber último de todas las cosas. Para más inri este es el peor de los mundos posibles, y no lo digo yo, lo dice Schopenhauer, que si de algo sabía era de la vida después de haber visto decenas de muertos en su niñez. Ya me he vuelto a perder, por dónde iba… ah, si partimos de la base que este es el peor de los mundos posibles (y hay razones para pensarlo) lo que consideramos “otro” sólo puede ser negativo tanto si nos creemos optimistas como pesimistas, la única ventaja es que los pesimistas estarán en sintonía con la mayoría (que es el otro-todo), en cambio los optimistas, llamados también malditos, vivirán una vida marcada por el no al no, una especie de contradicción interna, debido a esa reacción continua hacia el todo al no estar de acuerdo con nada. Aunque bien mirado, los optimistas acaban siendo los más pesimistas en última instancia por no haber sido pesimistas desde el principio. Igualmente no tiene ninguna importancia la maldita minoría dentro del todo, ni el todo dentro de todos los otros, porque acaba siendo algo más que la suma de sus partes, algo indescifrable para todos.

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