
Volvemos al tango y a su vida canalla.
Malevaje, con el permiso de Don Carlos, es la rica herencia milonguera de rastrillo y mueble antiguo que se escucha para olvidar agravios o maldecir al morlaco que se llevó a la chica guapa.
El instinto criollo se recrea barroco, sobrecargado, con la voz rasgada (pellizco en la voz) y Malevaje ha sabido encontrarle el punto al arrabal; a la esquina de farol donde gambetean las piernas del galán romanticón, la esquina de una buena mujer, rubia de New York.
En el tango la letra no se esconde, insulta y se clava en el César hasta envilecer a la razón, dejándonos estampa animal, enamorada y piel quebrada, cual castigo de dios.
Como se inventaba Borges (porque todo se lo inventaba), en el epitafio del rey Olaf, yo que tantos hombres he sido, nunca fui aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach. Borges, que también era argentino, seguro que bailó al compás del perfil sentimental. Y ésa, la Srta. Urbach, es la mejor mujer ejemplo de un tango elegante, de ramos de rosas y rigor, que atormenta de celos al rey y es capaz de hacerlo rodar.
La mujer es el tango y el tango es de mujer, pero lo canta el varón porque siempre es el primero en flojear. Y ya dijimos que al tango le gusta arañar y quien araña, no piensa.



Vamos, me imagino menos a Borges bailando que dando toques a un balón de fútbol.
pd: amigos del youtube y puretas borgianos ya podéis empezar a enviar enlaces de lo contrario
Buenisimo!!!
Vamos, me imagino menos a Borges bailando que dando toques a un balón de fútbol.