Música

Navidad

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Navidad. Un vagabundo en la puerta de un Starbucks contempla a un niño estúpido y malcriado que le mira de reojo, mientras su madre, estúpida y malcriada, le arrastra agobiada. Ya son las ocho y le falta mucho que comprar. La moderación nunca es voluntaria, solo llega cuando es estrictamente necesaria. Hasta los políticos “socialistas” animan a todo el mundo a no dejar de consumir si tienen la suerte de no haberse visto aún afectados por la “crisis”. La libertad nunca tiene el uso que le darían los que sufrieron por conseguirla.

Las fiestas populares son inercia, automatismo, material sensible que requiere una larga exposición. El libre mercado imprima las conciencias y reclama su espacio en la memoria social a largo plazo. Las tradiciones que perduran son, al fin y al cabo, las que gozan de periodicidad.

Las historias y las canciones de los tiempos de la transmisión oral se anclan en la recurrencia y llegan, con modificaciones circunstanciales, hasta nuestros días.

Los primeros villancicos eran en realidad danzas de coro medievales. No tenían ninguna referencia religiosa pero, gradualmente, en Alemania, Francia, Gran Bretaña entre otros países se asocian a la iglesia y pasan a formar parte de su repertorio. También la Iglesia originó sus propios villancicos en latín. En 1582 apareció en Greifswald (ciudad sueca actualmente perteneciente a Alemania) una colección de estos himnos latinos con el nombre genérico de Piae Cantiones. Algunas de estas canciones han sido traducidas hasta convertirse en himnos muy famosos. Un ejemplo notable de himno de carácter religioso es el Adeste Fideles, atribuido al músico inglés John Francis Wade.

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