Tercera eternida

Escrito por

… cómo dos días con sus noches, dos universos de tristeza, redujeron mis labios,
mis brazos, mi cintura, la algarabía de mis pájaros para a callarlos y entreabrir el olvido;
no estaba mi corazón conmigo sino todos los golpes y equipajes vacíos, la herrumbre,
la desesperación de un alba sin vestido y yendo ciegos y despiadados
por mi sangre;

… jamás sabrás cómo se nombran las horas asesinas
ni cómo caen lo soles por el pecho partiéndolo y quemándolo,
para deambular por el alma en busca de refugio que albergue y aparte la locura;
[te nombro y es la luz]

… no, no sé que desconcierto de mares, nieblas y hojarascas
estuvieron matando en mí latidos de paloma y olvidándote;
mejor – confieso ahora – hubiera sido morir para sentir contigo esta dura ausencia
a que llevan los sueños imposibles; ahora sé por qué el amor transita
por tan íntimas estancias de la vida y es un dios de luz y fuego,
y por qué prende la verdad e incendia – tal cual vivo – la ingente conmoción
de este momento.

Eledendo.

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