
Estoy jarta, jarta de escuchar que nuestra pequeña Europa envejece, que la pirámide poblacional se le está quedando forma de V. ¡Y qué! ¿Es que se teme que los viejos salgan de sus respectivos geriátricos a la calle alzando sus bastones mientras reivindican su puesto en la sociedad? o, lo que es peor, ¿se teme que los colores de nuestra Europa celta acabe manchándose con otros no aptos? Todo esto sin olvidar el leitmotiv más recurrente, que ya me lo hicieron aprender en primaria cuando aún no había ni menstruado, y no era otro más que el deber de parir si queríamos cobrar las jubilaciones dentro de 60 años.
¿Es un problema el hecho de que España, Italia y Alemania tengan un porcentaje de 1,4 hijos por mujer o, excepcionalmente, 2 en el caso de Francia e Irlanda? ¿Es realmente ese el problema? Si preocupa tanto el crecimiento de la población, ¿por qué no facilitan las aperturas de las fronteras? o ¿es que se teme perder esa tradición consanguínea que defiende a toda costa el folleteo con los genes del que fue vecino del tatarabuelo?
No es nada nuevo saber que se utiliza el control de la natalidad como instrumento para perpetuar la cultura pero, sobre todo, a partir del siglo XVII, los discursos sobre el sexo empezaron a proliferarse no agotándose en un solo vínculo, como podría ser la prohibición. Todo lo contrario, el sexo fue administrándose en sistemas de utilidad, constituyéndose dispositivos mucho más complejos atravesados por nuevas estrategias de represión. Estos nuevos sistemas de controles fueron atravesando de forma más precisa los diferentes discursos del saber, núcleo importante para la dominación de los sujetos.
Por este motivo no es de extrañar que el tener un hijo esté tan de moda, las estadísticas lo dicen, en España sólo un 14% de las mujeres no tienen hijos, y en nuestra vecina Francia sólo un 10%. Parece que el querer reproducirse a toda costa implique una mayor integridad en la sociedad, como el hecho de tener un trabajo, algo que te garantiza entrar en el club de la beatiful people o de los winners, satisfechos de diferenciarse de los loosers que, por el contrario, tienen demasiado tiempo libre y casualmente no suelen tener descendencia.
Foto: Imatges.net



Creo que la respuesta es mas sencilla y la tenemos delante. Como seres ilustrados que somos, con tanta información y recursos de los que dispone esta sociedad, quizás la más avanzada en la historia de la humanidad (que me perdonen nuestros antepasados marcianos, pues creo a pies juntillas que venimos de una civilización ultra avanzada extraterrestre), en realidad se produce una paradoja inquietante.
Cuanto mas sabemos, mas ganamos a la naturaleza, en cambio, más cerca estamos de la destrucción total de la raza humana. Sólo un ligero traspiés y caeremos al vacío, donde no estoy seguro si esta vez existirá una red. Cada vez tenemos menos hijos, basicamente porque hemos descubierto que somos incapaces de tenerlos, de darles una educación correcta, una vida en definitiva.
La vida se abre camino… quizás ha llegado la hora de plantearse hacia donde nos esta llevando este camino.
Quizás nuestro camino está en la extinción, como dijo NIetzsche, Valèrie Solanas, y algunos malthusianos entre otros; quizás nuestro dominio de lo racional nos ha hecho entender que somos una especie de usar y tirar.
A por cierto, ¡¡¡me encanta esa foto!!!
Gracias Pili! Un honor encabezar tu artículo
Yo creo en el amor (romántico) y en los goles de penalty (romántico condón roto) , siento no estar a la moda. Por cierto, a nadie le gusta envejecer, hasta los griegos odiaban la vida eterna si no iba de la mano de la eterna juventud, Europa envejece y balbucea tonterias que no oye.
que dios te conserve la fe
en almíbar( te guardo un poco) http://sisifo.es/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif
Es cierto que la foto es genial… ya me la podriais haber pasado para la maquetación!!!
alguien entiende lo de la flauta?
es verdad,, qué simbología pervertida representa esa flauta??