
Para no variar, como todos los años, pocas sorpresas hubo en la gran noche del cine. Danny Boyle y Penélope Cruz seguro que llegaron a la ceremonia casi con la certeza de que serían los protagonistas de la velada. La misma certeza que debieron tener los actores que competían con Heath Ledger por mejor actor secundario de que iban a perder. Da la sensación de que cada año se molestan menos en disimular que el plato que sirven en la gala ya viene precocinado.
Metiéndome en materia, iré premio por premio según se fue sucediendo la gala.
Mejor actriz secundaria:
A poco de empezar Pé ya recibía su estatuilla. Qué decir de este premio, y qué decir de la película por la que se lo han dado. Seré breve, Woody Allen parece estar en medio de un desierto creativo y Pé simplemente no da para más. En esta ocasión la han premiado por interpretarse a sí misma (chillona y pareja de Javier). Y como buena moda en la que se ha convertido, ya la han nombrado hija predilecta de su humilde barrio de Alcobendas. Apuesto a que el año que viene volverá a estar en la alfombra roja del brazo de Almodóvar con Los abrazos rotos. Yo lo llamo culto a la personalidad.
Mejor guión original:
Mi nombre es Harvy Milk. Confieso que no esperé que se lo llevara la cinta de Gus Van Sant, pero creo que ha sido merecido. Grata sorpresa.
Mejor guión adaptado:
Slumdog Millionaire. Esta categoría entraba dentro de los platos precocinados. Si se llevaba el Óscar por la película, el guión no iba a ser menos.
Mejor dirección artística:
El curioso caso de Benjamin Button. Merecido Óscar, aunque es una lástima que sólo haya triunfado en las categorías más técnicas.
Mejor maquillaje:
El curioso caso de Benjamin Button. Algo indiscutible y justo.
Mejor fotografía:
Slumdog Millionaire. En la meca del cine siempre gusta premiar el contraste, así que era de esperar.
Mejor actor secundario:
Heath Ledger. Ya lo dije y lo vuelvo a repetir, es un Óscar póstumo de lo más merecido. Sus contrincantes ya sabían que se lo llevaría él y estaban tranquilos, pero la prensa estaba muy pendiente de quién se lo recogería (por todo eso de la batalla legal que se traen sus padres con su ex mujer y con su hija de por medio). Así que, una vez más, el show era más importante que el verdadero reconocimiento. Reconocimiento que, por cierto, y desgraciadamente no obtuvo El caballero oscuro.
Mejores efectos visuales:
El curioso caso de Benjamin Button. David Fincher trabajó mucho para que fueran los mejores y así lo han sido. Además también hubo representación española en este apartado, porque algunos efectos visuales han sido creados por una compañía de nuestro país. Aquí se puede corroborar que vende más la imagen (Pé) que la calidad (los desconocidos técnicos españoles).
Mejor montaje:
Slumdog Millionaire. En esta categoría reconozco que me llevé una sorpresa porque esperaba que se lo llevara la película de Fincher. Claro que hay que tener en cuenta que, en una época en la que hay más premios de música que de cine, es esperable que a los jueces, influidos por los montajes cuasi cinematográficos de los videoclips, les vaya más ese estilo plasmado en la cinta de Boyle que el más clásico (sí, me reafirmo en eso), de Fincher. Aquí se podría abrir otro debate: ¿el cine ha influido en la industria del videoclip o viceversa?
Mejor banda sonora y mejor canción original:
Slumdog Millionaire. Otra vez estaba claro. Bollywood en Hollywood, para qué más. La película de Boyle resultó ser como el nuevo de la clase. A todos les entra curiosidad y todas las miradas y atenciones están puestas en él.
Mejor actriz:
Kate Winslet. Otra que está de moda estos días por tierras americanas y no se podía ir con las manos vacías. Meryl Streep se queda un año más sin su merecido premio en detrimento de lo que se lleva ese momento. Aunque he de decir que en esta ocasión Winslet también se lo merecía. Una pena que sus agradecimientos siempre resulten excesivamente sobreactuados.
Mejor actor:
Sean Pean. Lo es, pero no en Mi nombre es Harvy Milk. Este actor me ha convencido en la mayoría de sus papeles, pero en esta ocasión estuve pensando durante toda la película que algo no me cuadraba con él.
Mejor director y mejor película:
Slumdog Millionaire. Por casi se van de pleno. De 10 nominaciones se llevaron 8 estatuillas. Reitero que con esta película ha pasado como con el recién llegado. La máxima atención, se la merezca o no. Resulta que la cinta iba a ir directamente para vídeo, pero las cosas cambian. Aunque no estoy del todo disconforme con los premios que se ha llevado, sí he de decir que resulta curiosa la dualidad y el cinismo americano, es decir, se premia en una gala que derrocha dinero y lujo a una película que refleja la máxima pobreza. Me sigo preguntando por qué el ser humano mira a sus semejantes menos afortunados como unos perritos desvalidos y siente la necesidad de darles un caramelito temporal. En el caso del cine, la respuesta está en el producto final de la publicidad y el marketing: el dinero.
Por cierto, ojito con Amenábar y su próxima Ágora, enfilando como Pé, hacia Hollywood. Veremos qué pasa el año que viene.
Imagen | ElMundo.es
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Un comentario
Como ya avisé estaba claro que le iban a dar el Oscar, mal que nos pesara. Sinceramente comparto contigo Elena todo lo que has dicho sobre la desafortunada película de Pé y el señor Allen, pero claro mi humilde perspectiva considera interesante Spirit, un film que ha arrasado en los premios razzie jaja.
Para gustos los colores.
Y sobre Amenábar, el mejor director americano que tenemos en nuestro país, me da cierta rabia que se gaste 15 millones de euros en una película que nos han contado 800 veces. Está perdiendo su toque poco a poco.
My two cents.