Arte

Clean Your Mind

Escrito por

clean

Es redundante, pero debo decirlo: los mejores resultados surgen a veces de las ideas más simples. Vean si no, y perdón de nuevo por la redundancia, cómo ha acabado lo de insertarle un palo al caramelo.

De alguna de esas ideas apareció el proyecto del que quiero hablarles.   No hace mucho en Barcelona, la artista Ana Cardim y un pequeño equipo de colaboradores pusieron en marcha una performance por diferentes puntos de la ciudad.  La acción, que se desarrolló en poco más de tres horas, blandía la consigna de Clean Your Mind y consistía en algo muy sencillo. Los responsables de la acción interpelaban a los transeúntes con esta cuestión, ¿quieres deshacerte de tus problemas o preocupaciones? Quienes aceptaban participar en la “catarsis”, escribían el problema en un pedazo de papel y lo lanzaban al interior de un inodoro.

Simple ¿no?¿Y eso es arte se preguntarán algunos? Sencillamente, no me importa o no parecía que la performance tuviera el objetivo de preguntarse sobre tales cuestiones. Pero si me lo permiten, añadiré que desde Duchamp pocas cosas me dicen tanto sobre el arte como un inodoro, pero eso ya es harina de otro costal.

Probablemente, lo que se pretendía con la performance no era preguntarse acerca del arte, sino generar experiencias, reales y compartidas. Y lo cierto es que las hubo de todo tipo. El humor fue la clave dominante de todas estas experiencias, aunque curiosamente también se filtraron conversaciones de índole socio-políticas y económicas en casi todas.

Queda claro entonces que la performance sí generó experiencias, pero ¿y sentido? ¿Cuántos de los que escribieron su problema pensaron más tarde, o en el mismo momento, en qué había consistido aquello? Habría de todo, digo yo. Además, el hecho de que la mayoría de los visitantes de un museo sólo mire las obras, sin llegar a reflexionar sobre ellas, no las invalida como arte y tampoco les anula su capacidad para generar sentidos. Depende más de quien las mire y las piense. En ese sentido, la performance también podría haber generado sentidos en quienes pensaran sobre ella.

En cualquier caso, estoy convencida de que todos aquellos que interactuaron con Ana Cardim y su equipo sí disfrutaron de la acción. Tanto, o más, que cuando nos comemos  el caramelo al que por una simple ocurrencia le insertamos el palito.

[Imagen cedida por Ana Cardim]

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