Volvemos al caso de Matrix, en primera instancia podemos sojuzgarla como una realidad creada para el control y dominio de las baterías humanas. Y sin embargo, contiene momentos perfectos, anclados eso sí, en las postrimerías del film. Trinity besa a Neo, y no importa que las maquinas estén arrasando la nave, que el sonido de lo inevitable se acerque, es el momento perfecto. Pero quizás sin pesadillas temporales, no podríamos apreciar estos instantes cinematográficos. Ocurre como con el Nexus, universos, reales o no, saltan a la realidad, y esto queda representado. No siempre esos universos son benévolos, maravillosos, felices. En muchas ocasiones son lugares de horror, perversión, de infelicidad, de vacío, de mortalidad, reflejos de nosotros mismos. Cuando la oscuridad se cierne sobre las personas, y la pesadilla parece no tener fin, el fenómeno aparece. Ejemplos como El día de la Marmota, o Event Horizont, son muy reveladores. En el primer caso, Phil, un meteorólogo de Philadelphia, se ve abocado a repetir el mismo día una y otra vez, el día de la marmota, un momento del tiempo que odia, hasta que al fin consigue salir del bucle. El segundo caso, propone que una nave perdida, el Event Horizon, regresa del mismísimo infierno, cargada con resquicios del mismo. La tripulación que la aborda para investigarla, se enfrentara a ello, a sus demonios interiores. Al igual que con los momentos perfectos, el reto para el cineasta es conseguir recrear estas pesadillas para el espectador, en un equilibrio bien definido, respecto a otros recursos cinematográficos.
Parece más sencillo crear una pesadilla, pues el espectador, siempre lleva consigo temores y problemas, mientras que los momentos perfectos, derivados de universos como El Nexus, resultan complicados de recrear, pues como le sucede al Capitan Picard, somos más reticentes a considerar real lo maravilloso. Así en muchas ocasiones, situaciones aparentemente magnificas acaban derivando en auténticas pesadillas cinematográficas o pasan desapercibidas, perdidas en el tiempo. La línea que separa ambos mundos, resulta fina, delgada, y a menudo franqueable, con resultados muy notables. La pregunta pertinente ahora es la siguiente… ¿que nos deparará Star Trek XI?
Preguntémosle al vidente de videntes, pronosticador de pronosticadores:
- ¿Cómo lo ves Phil?
- (hablando en marmotés) Definitivamente veo una sombra.
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