
Un veterano de la guerra de Corea que, pasados los años, en plena jubilación y tras la muerte de su mujer, se ve obligado a enfrentarse a sus prejuicios, ya que vive rodeado de coreanos, a quienes odia. Ese, en resumidas cuentas, es el argumento de Gran Torino, la última película de Clint Eastwood.
Esta cinta presenta todo un escaparate de redenciones, buenas acciones y lecciones de vida que ya vienen demasiado trilladas. Pero la diferencia con otras es que la dirige y protagoniza Eastwood, lo cuál, para el que sea fiel seguidor, es una garantía de éxito.
Y para el que no lo sea, debe reconocer que, dentro de esta temática, Eastowood presenta, conduce y concluye la historia mejor que muchos otros. Su particular humor está presente a lo largo de toda la cinta y mira al espectador como sólo él sabe hacer.
La simpleza de la historia hace contrapeso con la complejidad interior que tiene el personaje principal. No pasa lo mismo con los secundarios, dando la sensación de que aparecen en escena sólo para que el discurso de Estawood no parezca retórico.
Si hay que ponerle alguna pega a la película, sería la rapidez de resolución del guión, es decir, si lo que se plantea es un tipo que tiene un profundo odio a los que no son de su raza, y especialmente a los coreanos, además de ser un amargado por naturaleza, lo que resulta un poco chocante es que ese conflicto quede resuelto antes de mitad de película para dedicar el resto al adoctrinamiento. Casi hubiera sido mejor profundizar en la culpabilidad que siente el personaje y desarrollarla a la par que su redención. Además de esto se utiliza a modo de unión de culturas un elemento común, el Gran Torino. ¿Vanal?, ¿patriótico al tratarse de un Ford?, ¿fetichismo?. A primera vista es posible que sea la primera opción, ya que el personaje, antes de la guerra, trabajaba con coches, pero tratándose de quien se trata las dos últimas son buenas opciones. La primera porque queda patente en la película que el sueño americano todavía puede ser posible y la segunda porque para Eastwood sus películas no son sólo eso, son parte de él.
En cuanto a la resolución del film, he de reconocer que Eastwood sigue sin perder su capacidad de sorprender, pero no deja de ser una especie de utopía que, si en nuestro país es casi imposible, en América menos. Puede que, siguiendo con su personalismo, se trate sólo de un anhelo desde la perspectiva de la experiencia. En todo caso, cinta recomendable de un grande del celuloide, que tal vez dice adiós.



Me emocioné al ver Gran Torino. Creo que es de las mejores películas del año, y no se si aventurarme, de la década. Como bien dices Elena, resulta tan buena, porque comprende una parte importante de la vida de Eastwood, que en definitiva, debe ser el mensaje que transmita un guionista o un director, hablar de la realidad, de la vida, de la que ven sus ojos. Ahora bien, aunque a primera vista parezca repetitiva o de mensaje irresoluto, o de conclusión rápida, no lo considero así. Eastwood te habla en primera persona, como lo hacía Lester Burnham en American Beauty, no con la esperanza de que le entiendas, si no que al cabo de los años, comprendas cómo es en realidad la vida, visto con perspectiva cuando envejeces.
Creo que la canción del final (compuesta por él mismo, mas Cullum y su hijo), por qué no decirlo, es hermosa y resume el planteamiento básico, que se nos cuenta de la manera peculiar de Eastwood.
“Your world is nothing more than all the tiny things you’ve left behind.”
Sublime.
No es que sea de conclusión rápida, a lo que me refiero es que un sentimiento tan supuestamente arraigado como el odio a otra cultura que tiene el personaje, desaparezca con sólo cuatro tupper wares (o como se escriba) en su escalera y el más que excesivo agradecimiento de los vecinos a mitad de película. Yo hubiera apostado por profundizar más en ese sentimiento que tiene el personaje de culpabilidad, en parte por lo que hizo en la guerra, en parte por el abandono al que siempre sumió a su familia. Muy representativa de ésto es la escena en la que llama a su hijo después de recibir los análisis del hospital y el hijo le contesta que si no tiene nada urgente que hablar que ya hablarán otro día. Es un buen ejemplo de que nuestras acciones en el pasado repercuten en nuestro futuro y en nuestras manos está terminar el camino. En este caso Eastwood termina su camino de la mejor forma para él según él.
Completamente de acuerdo con que Eastowood habla desde la perspectiva cuando envejeces y sería imposible que todo el mundo le entendiese porque, al fin y al cabo, cada persona es un mundo y sólo uno entiende por qué y cómo hace las cosas en función de lo que ha dejado atrás.
Es posible que se trate de una película testamentaria. Toda ella gira en torno al Eastwood como persona y personaje, y si la muerte del protagonista significara la del cineasta adquiriría un valor documental que no tiene -por cierto- como obra del séptimo arte.
¡Impresionante! Todo lo que hace este tío es una joya. Me encanta la americanada del tabaco de mascar, de Ford y de la bandera en el jardín. Eastwood actúa como Dios y se nota que entiende su trabajo. Se me pasó en un decir Jesús y me absorbió desde el principio.
Sobre el tema final de J. Cullum: chapeau!
Buena película y muy recomendable aunque desde luego no es de las mejores de la década.