Cine y TV

Boyero contraataca

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En cada festival como un herpes antes de una cita importante, Carlos Boyero aparece cual prima dona desaforada para arremeter contra todo el establishmet cinematógrafico. Todo lo que se distancie de la narratividad, del modelo clásico de transparencia formulado por el Hollywood clásico es despedazado por la ácida pluma del crítico. Le gusta provocar y a su diario El País que provoque; le gusta ser un proletario de las salas de cine aunque no lo sea, atacar a todo y decir bien alto que un tipo de cine diferente le aburre soberanamente por pedante.

Hace unos meses en el Festival de Cine Internacional de Venecia ya hubo un enfrentamiento. Ahora en Cannes también lo ha habido. Lo repito no puede haber un crítico que solo base su juicio en una respuesta emocional instantánea. Si me divierte pongo nota, si no es un mamotreto elitista e intelectualoide, en el fondo banal y pretencioso. El cinematógrafo es más que un instrumento emocional que a través de la implicación produce sentimientos. Muchas otras obras (y no quiero decir de arte porque me cansa la palabra) necesitan otro tipo de actitudes (¿menos pasivas tal vez?) y aportan otro tipo de beneficios. No todo es reírse con Wilder, llorar con Won Kar Wai y apretar los puños con Batman. El cine puede formularse de formas diferentes.

Un crítico importante no puede obviar (y regodearse con ello) otras facetas del medio que trata y solo centrarse en una. Pierde pluralidad y no da una visión real a su lector. El periódico por su parte hace mal en darle cuartelillo porque con ello está configurando una agenda muy limitada y aumentando (esto es lo más peligroso) la distancia que hay entre el público y el cinematógrafo, algo que en España por desgracia es enorme.

Esta vez ha sido Almodóvar quien ha puesto el grito en el cielo. No juzgo que critique mal o bien al cine de Almodóvar pues ese es su trabajo, sino que sea sesgado y no esté al corriente, o por lo menos no lo intente, del panorama cinematográfico. Mientras siga ese camino hará una mala crítica y El País un flaco favor a una expresión cultural imprescindible.

PD: próximamente: El retorno de Boyero.

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5 Comments

  • Claro que Almodóvar ha puesto el grito en el cielo con Boyero. No me extraña. El día que estrenaron “Los abrazos rotos” leí su crítica en El País. Boyero no dejó títere con cabeza ¡en una página entera para él solo! (creo recordar). Digamos que simplemente la película no fue de su agrado y la destrozó, le dio igual que su medio hubiera estado promocionando la película durante días. Recuerdo que me sorprendió muchísimo ese artículo, pero ya no me acuerdo de los pormenores.

    Difícil ser crítico en un mundo tan crítico. Aunque sí, que es sesgado, pero Boyero tiene sus fans y, ¡ojo! lo que dice va a misa para muchos. Ahora, la verdad, es que le he perdido la pista a Boyero con el mes de junio.

  • Cómo explicarlo de manera sencilla. Veamos: el cine es arte. Como cualquier obra de arte, el cine reclama la interpretación del sujeto-espectador. El arte siempre es subjetivo y siempre apela al bagaje emocional del sujeto. Por tanto, toda expliación de una obra de arte, de una película, debe partir de las sensaciones únicas, individuales, subjetivas, provocadas en el crítico. La evaluciación técnica de una película, es decir, coherencia en el guión, correcto montaje, etcétera, sí que requiere un juicio objetivo, pero es secundario. ¿Cuántas veces no nos han gustado cuadros mal pintados o películas con malos actores? A Boyero no le gusta el cine experimental, dices, pero no por su epifanía formal sino porque no le “emociona”. Y es su deber como crítico contar qué clase de sensaciones le suscita la película. Si se es un crítico honesto se ha de machacar a martillazos (Laszlo Toth o Nietzsche style) cualquier obra que no nos provoque, que no nos guste.
    (Wikipedia) Polichinela: «Era un astuto matón que no se separaba de su garrote para darle una paliza a quien no pensara como él».

  • Creo que el término arte para calificar al cinematógrafo ha sido históricamente un arma de doble filo. A través del binomio arte-industria se delimitaba el uso del cinematógrafo a la forma narrativa, al relato visual. Otras tecnologías, pongamos la fotografía, que no se le califico de arte desde su orígenes (recordemos que Canudo en 1913 ya señalaba al cine como séptimo arte o los film d´art surgieron en 1909) no fue definida y su uso es mucho más abierto (artístico, periodistico, amateur, científico, etc).

    La industria que gracias a unir desde el primer momento el relato visual como única forma de arte con la argumentación económica, borró de un plumazo todas las demás alternativas. El cine no se comprende desde otras alternativas si no es con la narración.

    Este reduccionismo histórico creo que ha sido muy negativo para el medio (un ejemplo es que todavía el cine no está considerado artísticamente como otros medios, pongamos de nuevo la fotografía). Ahora que el discurso hegemónico del relato visual se está resquebrajando, creo importante darle visibilidad y demostrar todas sus posibilidades. No digo que hable bien sino que hable y haga un esfuerzo por sacar del anonimato lo que por una u otras razones no se pudo disfrutar no valorar. Como crítico libre que dice que es, no debe regir su su elección sobre un discurso dominante que ya no es válido (lo digital ha creado más posibilidades) sino ampliar su visión y asumir que ese cine que le gusta ya no es lo única posibilidad.

  • Por cierto, creo que es interesante la obra de Luis Alonso sobre este tema.
    La idea comparativa del cine y la fotografía está en una reseña: Alonso, Luis. (Secuencias, nº26 2º semestre 2007. pp 107-108)

  • (El cine “puede” ser arte)
    Que no, amigo Alfa, que no. Que Boyero no arremete contra las películas exhibidas en Venecia o las de Almodovar porque no observen una clásica linealidad narrativa, sino cuando éstas no le “emocionan”. Coincide que muchas de las películas que “le dejan frío” son aquellas actualmente que más innovan y se alejan de los cánones rígidos de narración de toda la vida (no Almodovar, por ejemplo), lo cual no significa que proscriba estas alternativas de vanguardia. No dudo de que si un film experimental lograra hacerle sentir esa sensación estética que dicen que provocan las contadas obras de arte, se le haría el culo milhojas en halagos.
    Ah, y la tarea de un crítico no es la de sacar de la anonimia a autores malditos.

    (Wikipedia) Polichinela: «Era un astuto matón que no se separaba de su garrote para darle una paliza a quien no pensara como él».

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