Patricia, que lo dio todo hace unos días,
nunca creyó que ese dolor tan agudo
podía llegar a existir; ella siente ahora,
lejos de su patria como se encuentra,
ganas imperiosas de volver a su tierra.
Patricia, la que había amado tanto,
se encuentra traicionada en el extranjero,
necesita de sus amigos de toda la vida,
y no de aquellos que conoce tan sólo
desde hace cuatro meses;
pero ni puede ni debe irse.
Patricia, el viaje que empezaste lleno de luz,
felicidad, sueños y risas, es ahora todo
tan extraño, irreal, siniestro y negro
como la noche lluviosa alemana;
Patricia sabe, empero, que en el fondo,
en medio de esa borrachera de dolor,
rabia, impotencia y tristeza,
la culpa es únicamente suya,
por haberle querido y darlo todo.



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