Pilar Cobo toca en este número uno de los temas más interesantes, y más inquietantes, de la filosofía de después de Auschwitz. Y, cómo no, cita a Hannah Arendt, una de las pocas mentes lúcidas que supieron ver la auténtica catástrofe: el Mal no es algo ajeno a nosotros, no es producido por monstruos de tres cabezas, sino por personas sin sentido crítico y sin condiciones para la reflexión auténtica.
Siempre anunciamos, como sigue haciendo Albert Pérez con su poema, el fin del mundo. Pero el mundo sólo se acaba cuando termina nuestra capacidad de construir una memoria responsable. Una memoria que no sólo adorne nuestra existencia, sino que sea justa con el futuro, ese puzzle que viene. En este sentido, es muy interesante la recomendación de Francesca Viana, que nos habla de la propuesta de Massimo Bartolini acerca de los extraños mecanismos que retinen, o repelen, las imágenes de nuestra vida.
Ya nadie se cree un universo dividido en caperucitas rojas y lobos. La materia gris es gris por algo. El blanco y negro sirve para las fotografías, no para nuestros cerebros. Si no somos culpables de nada, si no nos exigimos responsabilidades a nosotros mismos, poca cosa hay que decir. El cáncer es el Otro. Sólo quedar coger las armas. Una vez más.



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