Cine y TV

Enemigos Públicos

Escrito por

Y ahí va otra. Esta vez los nombres son John Dillinger (Johnny Depp) y Melvin Purvis (Christian Bale). Ladrón y policía enfrentados por sus ideales disfrazados de profesión. Por un lado el Robin Hood de los años treinta, en un momento de depresión económica en el que todo lo que fuese robar al Estado (con las técnicas que fuera) y no al ciudadano de a pie, estaba bien. Ladrón sin escrúpulos, buscando la empatía ciudadana (y en este caso también con el espectador), se nos muestra como un apuesto e inteligente caballero, capaz de hacer suspirar a más de una, pero fiel a sus principios y a su mujer, que sólo hace daño cuando atacan su moral. Por otro lado Purvis, como el amanecer de un nuevo cuerpo policial, dispuesto a hacer que el capitalismo se quede tal y como está.

Todo esto ya suena, aunque Michael Mann lo haya aderezado con una filmación digital y con un intento de mayor realismo cámara en mano. Aún así de la realización no hay nada que reprochar, todo lo contrario, perderse en la limpieza de las imágenes y en la cantidad de detalles resulta muy gratificante en los momentos en los que la historia por sí misma está un poco desinflada. Y lamentablemente la historia se pasa la mitad de la película desinflada, para coger más ritmo en la parte final.

Afortunadamente ahí está el señor Depp para mostrar todo su talento una vez más. Él solito hubiera podido montar este biopic sin necesidad de nadie más, porque a través de su mirada, sus gestos y su pose, podemos al menos intuir, cómo dicen que fue aquel personaje dual. No se puede decir lo mismo de su alter ego, Bale, que, como tiene acostumbrado al público, muestra una vez más una cara larga de tipo duro y aséptico, aunque en esta ocasión eso viene bien para reflejar el espíritu de la siempre supuesta “ley”. El espectador es privado de presenciar un duelo entre el bien y el mal, pero a cambio asiste a una especie de feria de las vanidades, eso sí, a distintos niveles interpretativos. Como cierre para el triángulo, Marion Cotillard, como la amante y sumisa novia de Depp, que se lleva los planos más largos, y cuya interpretación resulta simplemente correcta. El resto del reparto cumple y le da el pie a Depp para que siga caminando a sus anchas por el filme.

En definitiva, un biopic gangsteril más, cuya única novedad dentro del género reside en la realización, sostenido en una gran parte por la actuación de Depp. No quedará en la memoria como Los intocables (a la que, por cierto, hace un pequeño homenaje) o Heat, pero de algún modo ha aliviado la sequía de la taquilla veraniega.

  • Comparte:
  • Facebook
  • Twitter
  • Tuenti
  • Digg

facebook:

Responder