
Siempre hemos querido correr… pensando que huir – aunque sea hacia delante – es posible. Cumplimos 4 años de revista con el número 50 de lo que ha sido un fanzine de libertad o libertinaje, de decir las cosas cómo y cuando hemos querido, con la única obligación de reunir a un grupo de amigos de Pineda de Mar que, por suerte, ha ido creciendo en Barcelona, Madrid, Granada, México, Buenos Aires…
Sin festivales, pero con poesía, prosa, filosofía, teatro, música, ilustración, fotografía… todo vale en 8 páginas que, mensualmente, hemos lanzado al aire, con la esperanza (silenciosa) de que alguien las recogiera. Sísifo siempre ha llevado íntegra la idea de taller, de ir probando sin esperar resultados, de ensayar sin despreciar el error. Sísifo ha sido un lugar de encuentro, aunque fuese virtual, para reírnos, para jugar, para hacer bromas internas que, sorprendentemente, traspasaban límites que tampoco nos habíamos impuesto. Sísifo es un lugar de fracasos, porque el fracaso es bello, porque a veces estar a solas con el mundo une, porque los rizomas son un buen dibujo contra el pensamiento único, porque el azar de la ruleta rusa también se pone de nuestro lado.
Se trata de la búsqueda de géneros degenerados, de títulos agotados, de paraísos artificiales, diccionarios más que prescindibles, cronopios propios, los no-sitios donde vale la pena perder el tiempo porque eso quiere decir, irremediablemente, que aún podemos creernos dueños de nuestras horas… Rubén y sus esbozos, Iván copiando escenas, David disparando al pianista y a todo lo que le rodea, las decenas de invitados que nos han alegrado el día a día, Francesca de galerías y pantallas, Fito con sus gaitas, Pablo y el compromiso con la prosa, Pérez y el dedo en la llaga, la iluminaciones de Cobo, los no-títulos de Bagés, una biblioteca que nos aguanta, y definiciones nada definitivas del que habla…
¿Por qué seguir con la roca? Y por qué no hacerlo. Las letras y las imágenes no son diosas, pero tampoco demonios. Una herramienta, un tornavís que gira en solitario, sin tornillos ni arandelas. Los fragmentos, lo casual, lo inconcluso. Eso ha sido, y seguramente será, nuestra revista, nuestro proyecto de unidad con aquello que se conforma a través del cadáver exquisito, con los trozos de vaivenes, de miedos, de ilusiones. Un desastre, pero nuestro. Camus diciéndonos, una vez más, que todo es absurdo, pero que nos queda la creación. En eso estamos.



¿Y cuánto más nos queda?
La cuadrilla de la muerte.
Grande Sísifo.