Civis

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Desde su ascenso en la empresa, Marcos gozaba de una posición económica tan elevada que había podido comprarse una casa en el barrio más exclusivo de la ciudad.

Marcos, que había vivido tantos años en la zona más lumpen de la periferia, conocía bien lo que allí se cocía y por eso estaba encantado con el cambio. Su nuevo barrio era tranquilo, limpio, pero sobre todo, cívico.

Los vecinos de aquella zona, la comunidad como ellos mismos se hacían llamar, sentían un fuerte compromiso con el medioambiente, como toda gente de bien, y para demostrarlo habían establecido normas muy concretas en cuanto a la recogida y reciclaje de sus residuos.

Marcos, que ansiaba formar parte de una comunidad tan comprometida y cívica, no dudó  en comportarse como un buen vecino y por ello cada martes, sin falta, se levantaba a las seis de la mañana para estar listo antes de las siete, hora a la que todos los vecinos debían sacar sus contenedores al jardín para que el camión recolector pudiera vaciarlos.

Como el margen de tiempo era un poco ajustado, pues el camión sólo recogía los residuos entre las siete y las siete y diez de la mañana, a veces Marcos se atrevía a pensar que la normativa quizá fuera un poco estricta, pero enseguida cambiaba de opinión avergonzado de tener un pensamiento tan incívico.

Durante meses, Marcos fue un ciudadano ejemplar como el resto de sus vecinos. Pero un día, su empresa le exigió que trabajase los lunes por la noche.

Con el nuevo turno a Marcos le era imposible llegar a casa antes de las siete y diez de la mañana, por lo que nunca podía sacar sus contenedores a tiempo.

Para solventar el problema, propuso a sus vecinos que el camión recolector diera una vuelta más antes de marcharse y vaciara los contenedores de todos aquellos que no podían llegar a tiempo, pero la comunidad denegó la propuesta alegando que las normas, claro está, se hacían para cumplirse y que era responsabilidad de la conciencia cívica de cada uno seguirlas o no.

Marcos nunca más pudo llegar a tiempo. Y los vecinos, hartos del hedor que desprendía su casa, decidieron que éste debía marcharse puesto que su comportamiento incívico estaba alterando la armonía del barrio.

Así que Marcos tuvo que marcharse y cambiar de barrio, sin embargo, su casa sigue ahí, llena de basura. A la espera de un buen ciudadano.

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3 Comments

  • a esos vecinos cívicos les dedicaría la canción de la Pausini:
    “marco se ha marchado para no volver/el tren de la mañana llega ya sin él…/Su banco está vacío
    Marco sigue en mí
    le siento respirar
    pienso que sigue aquí,
    ni la distancia enorme puede dividir
    dos corazones y un solo latir …/
    Por eso espérame
    porque esto no puede suceder
    es imposible separar así
    la historia de los dos.”

  • Jajajaja, supongo que con esa dedicación los vecinos expían parte de su culpa…
    Saludos!

  • hombre francesca el nombre de marcos no ME acaba de convencer; pero sin embargo, hay una idea que subyace que me parece muy interesante: civismo y convivencia no van siempre de la mano jajja. un abrzo.

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