
Como habitante de este mundo en el que todo se mueve tan rápido, de vez en cuando decido subirme al carro de la movilidad y vivir en otros países. Y es ahí, en un país distinto al que nací, donde ahora me encuentro y donde creo haber descubierto lo siguiente.
Todo empezó cuando un buen día, recién instalada en la nueva casa, a mi querida olla exprés le dio por explotar de rabia y dibujar un lindo “Pollock” por toda la cocina.
Esto, que en un primer momento taché de simple mala suerte, no quedó ahí. Días más tarde el ordenador, que siempre había seguido mis órdenes, decidió dormir para siempre mientras exhalaba un ronquido de lo más sarcástico.
Pero estas fatalidades no han sido las únicas, sino el inicio de una larga ristra de sinsabores que estoy sufriendo desde que llegué.
Preguntándome sobre la causa del problema, tratando de averiguar qué estaba poniendo en contra mía a todos mis objetos, he empezado a atar cabos y creo que todo empezó con la llegada de Henry a casa.
Henry, la aspiradora más famosa de Gran Bretaña, está acostumbrada a chupar polvo y a arrastrarse por los suelos como las demás, sin embargo, ella es feliz y su cara lo demuestra. Al tener nombre propio y una cara, podría decirse que Henry goza de cierto reconocimiento anímico. No es tan sólo un objeto muerto.
Como he dicho, fue con la aparición de la aspiradora cuando empezaron mis problemas. Cuando la olla exprés y el ordenador decidieron hacerme la vida no más fácil, como debería ser, sino imposible. Y por ello sospecho que Henry es algo más que una simple aspiradora, pues goza del privilegio de entrar en todas las casas y tener boca para hablar para llevar a cabo actividades subversivas y revolucionar toda la casa. Si no me creéis, fijaos en su color.
Por vuestro bien, os aconsejo que si en algún momento decidís pasar una temporada en Gran Bretaña, donde seguramente necesitéis una aspiradora, tengáis en cuenta lo que os acabo de explicar.
Os muestro una foto del sujeto en cuestión.



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