Sorprende la cantidad de premios que se está llevando esta buena película que, para ser justos, no aporta nada nuevo al séptimo arte. Y tampoco cuenta nada que no nos dijeran antes las grandes películas anti-bélicas. Es por eso que el gran acierto de Kathryn Bigelow es realizar el filme adecuado en el momento indicado, y hacerlo bien. No deben perderse esta película, pero no han de esperar una obra maestra.
Destaca su estilo reseco y agrio hasta decir basta y el buen pincel a la hora de retratar el camino hacia la demencia que provoca la necesidad de adrenalina. También destacan algunos trazos muy gruesos, como la introducción del niño para empatizar con el protagonista o la muy previsible muerte del sicólogo.
Como dije antes, es una buena película. Buenas interpretaciones, buena dirección y momento oportuno. La estética (cámara en mano, filtros) no es nueva y el mensaje tampoco (Redacted, Tres Reyes, En el valle de Elah…), pero sí acierta al centrarse únicamente en unos pocos personajes (los artificieros) y en una sola vertiente de la guerra, el soldado que no es capaz de volver a la vida civil, la adicción a la guerra.



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