
Interesante comedia que explora los límites del pacto de verosimilitud entre el espectador y la narración, que promete mucho y acaba dando mucho menos de lo que esperamos. Un pastiche temático que crea unas enormes expectativas que quedan casi aplastadas por un final que no se sabe si quiere ser irónico o tomarnos el pelo.
La primera sensación es que la idea de partida podrían haberla firmado una extraña mezcla de Kevin Smith y George Lucas. Si necesita que le cuenten algo que se parezca a la realidad, mejor no la vea. Si está dispuesto a tragar con las extravagancias de la historia se encontrará una rara avis del humor surrealista con mucha mala uva y algún momento simpático. Y todos estos pensamientos se topan al final con el hecho de que la película se basa en un libro que, a su vez, se basa -a saber cuánto- en hechos reales.
Puede que no pare de reír o que no consiga esbozar la más mínima sonrisa. El tipo de humor que destila este filme no se puede calificar como universal. En cualquier caso, el gran problema reside es que es imposible no pensar que el guionista podría haber explotado mucho mejor una idea tan poco vulgar. Una idea interesante llevado a cabo con demasiada irregularidad, con demasiados géneros en noventa minutos y con demasiadas expectativas que nunca llegan al clímax, porque no hay, se le olvidó. El villano aparece tarde y mal y al final todo queda en un final rápido y sucio.



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