
Colin Firth firma una actuación enorme que llena todos los puntos de la pantalla, y la dirección de Tom Ford es de gran ayuda. Usando un estilo que recuerda, para bien, al de Wong Kar Wai, la tragedia romántica que nos cuenta Un hombre soltero lo agradece enormemente. La música, al menos en parte, corre a cargo del músico de cabecera de Wong Kar Wai, Shigeru Umebayashi; por si las pistas visuales no bastaban.
La narración está encerrada en un tiempo circular que ocupa tres cuartas partes del filme, en el que vamos descubriendo el pasado y el presente del protagonista, a través de una excelente galería de secundarios. El personaje se va descubriendo poco a poco, sin necesidad alguna de resúmenes para espectadores acostumbrado al clasicismo. No hay brocha gorda en ninguna secuencia.
Cada plano está currado, no hay nada al azar, los colores están coordinados a la perfección y usa todo el arsenal cinematográfico. Así consigue el director transmitir sensaciones con imágenes. Se arriesga y lo consigue. Vamos, cine con mayúsculas. Nunca cae en la solución fácil de explicar algo con una línea de diálogo. En Un hombre soltero el diálogo es atrezzo del bueno y no literatura incrustada a unas imágenes protocolarias. Eso, además, pone en valor un guión capaz de inspirarse en la novela original, que no basarse.



COLIN ESPERO QUE GANES EL OSCAR TE LO MERECES LO DESEO DE TODO CORAZON
CECI