Voy a pasarlo bien

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De verdad, hoy ha sido un día genial, un día de muerte.

Al salir de casa por la mañana, me he cruzado con mi primo Javier. Hacía años que no le veía, pero qué guapo está, sigue tan rubio como siempre.

Mientras charlábamos nos hemos reído a carcajadas recordando el día que, siendo yo una pequeñaja como él me llamaba, me dio una vuelta en su moto. Aunque lo gracioso del tema no ha sido la vuelta en si, sinó constatar que Javier tenía muy claro que aquel día había pasado de simple primo a primito de mis sueños. De modo que, aunque a mi costa, nos hemos reído un rato.

Como tenía todo el tiempo del mundo, según me ha dicho, hemos desayunado juntos y he tenido la oportunidad de preguntarle un montón de cosas. Pero, ni aprovechando el estado de gracia que los tres carajillos me han dado, he tenido valor para sacar a flote el tema de su depresión y la sobredosis. En realidad, no he querido estropear un momento en el que los dos estábamos tan contentos.

Al despedirnos, le he repetido varias veces que me gustaría verle más a menudo, pero me ha asegurado que a partir de ahora no habría problema. Y lo curioso es que, a los diez minutos de decirnos adiós, también me he encontrado con mi tío Juan.

Como solía ocurrir, lo he visto en el cruce, en dirección hacia el bar de la plaza. Vaya personaje mi tío. Apenas puede caminar, pero no para quieto ni un momento, siempre de aquí para allá ayudándose con su bastón.

Hacía décadas que no nos veíamos, pero esta vez ha sido él quien me ha preguntado un sinfín de cosas, sobre todo, si ya me encontraba mejor. Yo, para dejarle tranquilo, le he dicho que sí, que desde esta mañana me sentía feliz y muy aliviada.

Como siempre, me ha dicho que lo sentía, pero que era la hora del Angelus y que debía irse. Vaya blasfemo está hecho mi tío Juan. Todos los mediodías dice lo mismo, que tiene que rezar el Angelus y, acto seguido, se bebe unos chatos de vino.

Me ha encantado hablar con él, de verdad, y verle tan recuperado después del cáncer mortal que le diagnosticaron me ha alegrado todavía más.

En fin, que hoy ha sido un día fantástico y por eso es una lástima que al llegar a casa todos estén llorando por mí.

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