Opinión

Schwarzes Deutschland

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A muchos les ha impresionado más el que murieran 20 personas en la Loveparade 2010 que no los 20.000 muertos que perdieron la vida en Iraq o los 120.000 en la guerra del Golfo (Kuwait). Si para la mayoría la muerte es ya difícil de asimilar, la muerte asociada a una actividad de ocio constituye una ecuación sin solución para la mente humana. Harto complicado es el aceptar que una atracción del Tibidabo se desplome de la misma manera que concebir una desgracia como la ocurrida en el túnel de acceso del mayor festival de música electrónica al aire libre del mundo, celebrado este año en Diusburg. En la sociedad del bienestar, en la cual el ocio representa uno de los ejes vertebradores de las vidas de los ciudadanos, muy pocos se pueden imaginar luchando en Afganistán, suena demasiado lejano e irreal, pero es escalofriante la facilidad con la que uno se puede poner en la piel de los cientos de personas que estaban presas en ese Túnel destino al infierno. ¿Cuántos de nosotros, si hubiéramos estado disfrutando de un Erasmus en Münster como las dos chicas catalanas fallecidas, hubiéramos asimismo decidido ir a un evento tan famoso como la Loveparade? Esta proximidad emocional, el “me hubiera podido pasar perfectamente a mí”, provoca que este tipo de tragedias nos afecten de manera contrastada. Yo mismo realicé un Erasmus en la ciudad de Osnabrück (próxima a Bremen) en 2008, y asistí a la Love Parade de Dortmund, la cual congregó, a su vez, a 1’6 millones de personas, récord hasta la fecha desde que empezara a celebrarse el festival en 1989 en Berlín. Una pregunta salta a la vista: sabemos que el año pasado dicho festival no se realizó ya que la ciudad que debía albergarlo (Bochum) no cumplía los requisitos. ¿Acaso este año se cumplían los requisitos? Se ha visto que no (aunque podría haber pasado desapercibido en caso que una serie de circunstancias fatales no se hubieran dado). De la misma manera me parece de enanos mentales el esperar una afluencia (y, en consecuencia, el habilitar el recinto para ello) de 300.000 personas cuando hace dos años fue de 1’6 millones. Esta falsa suposición junto con el hecho de la colocación de barreras, límites, vallas, etc., (cuando la Loveparade siempre se ha caracterizado por ser un festival realizado por calles, plazas, avenidas, esto es, con total libertad de movimientos), hace del todo incomprensible lo ocurrido. Son los organizadores del evento junto con su afán de lucro (el cual antepusieron a la seguridad de las personas y que nunca harán público) quienes deben entonar el mea culpa; cabezas dudosamente pensantes que se han ocupado de idear los accesos a un recinto no apto para atender a 1 millón y medio de personas. Yo mismo, como “fan” de todo lo alemán, del país y de su cultura, de su tecnología, de su ya veteranía para organizar todo tipo de eventos multitudinarios, no puedo más que decir que nos acabamos de topar con un hecho que podríamos catalogar como de la más pura “Alemania negra”, como si de un país tercermundista se tratara, con la consecuente vergüenza que sentimos y que debe sentir todo aquél que sienta preferencia por lo alemán. Igualmente de desgraciado es el hecho que esta catástrofe se produjera en el contexto de un festival de música electrónica, hecho que “ayudará” a criminalizar aún más (por si todavía no lo estaba lo suficiente) este tipo de eventos que muchos consideran es sólo un nido de drogas sintéticas y Gomorras contemporáneas. Asimismo es inútil el que ahora se busquen responsabilidades ante un hecho que ya no tiene solución: todos sabemos que, aunque quisiéramos lo contrario, es cuestión de tiempo el que desgracias como ésta vuelvan a repetirse porque de todos es sabido que el hombre es el único animal que tropieza dos y hasta mil veces en la misma piedra. Igual de inútil y sinsentido encuentro el que el organizador de la Loveparade, Rainer Schaller, anunciara que ya no se celebrará nunca más dicho evento; es normal que, después del calentón, el susodicho dijera lo que dijo, aunque podemos suponer que de alguna manera el festival tendrá continuidad disfrazado bajo otro nombre, otra organización, de manera que el populacho no pueda asociar el evento con la original Loveparade y por tanto, con la tragedia. Como decía alguien en alguna red social, no deberíamos dejar de celebrar festivales por el hecho de que hayan muerto 20 personas en uno de ellos, cuando nadie deja de hacer guerras aunque haya miles de víctimas en ellas. Total, y por mucho que se escriba sobre ello, como dice el Spiegel Online en referencia a la rueda de prensa que ha tenido lugar hoy 26 de Julio de 2010 -y como siempre que ocurren hechos de este calibre-: viele Fragen, kaum Antworten (muchas preguntas, apenas respuestas).

Albert Domènech Triadó

Albert Pérez Fernández

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