Swing

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Desde que decidiste forzarte para salir de casa, rodearte de otras caras y conocer a más gente, no has dejado de emprender nuevas actividades. La última, las clases de swing.

Hoy es tu primer día de clase, te sientes llena de energía y con unas ganas tremendas de bailar. Lo único que te preocupa, aunque tan sólo un poco, es tu demostrada ineptitud para seguir más de tres pasos marcados. Pero no importa porque tú a la clase de swing has venido a pasarlo bien y, sobre todo, a conocer gente.

Como el bar donde se imparten las clases todavía está vació, decides esperar en una silla mientras, por qué no, te animas tomando unas cervezas.

Qué emoción, el resto de alumnos va llegando y entre ellos vislumbras alguno con pinta de novato como tú. Cada vez te sientes más animada y relajada, pero decides esperar para empezar a bailar a ritmo del swing que ya invade todo el espacio.

Five, six, seven, eight… here we’re! Qué divertido, te encanta la música y sigues los pasos con tus pies. Ahora…, sí, vuelta….y otra vuelta…Maravilloso, sientes que llevas el swing en la sangre. Sonríes y miras a la gente.

Al acabar la clase y de camino a casa, te reconforta pensar que tuviste una idea genial cuando escogiste el curso. Lo has pasado en grande y te has reído un montón, pero decides que la próxima vez te levantarás de la silla y que, además de mirar a la gente, hablarás con ella.

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