Cine y TV

El silencio de Lorna

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Jean Pierre y Luc Dardenne nos hablan en esta ocasión de las mafias dedicadas a la obtención fraudulenta de una nacionalidad del primer mundo. En este caso que nos ocupa, se trata de ser belga a toda costa. Para ello, Lorna se casa con un yonqui al que se supone que debe acompañar en su desintoxicación. Él piensa que va a cobrar, primero por el matrimonio y después por el divorcio. Pero el plan es matarlo gracias a una sobredosis, porque una vez conseguida la nacionalidad Lorna ha de casarse sin dilación con un ruso para que le concedan la nacionalidad. No hay tiempo para esperar al divorcio, el asesinato es más sencillo, menos papeleo. Pero Lorna no tiene el estómago tan duro y el conflicto surge.

El estilo habitual de la casa se ha relajado un poco, porque al fin y al cabo los culturetas de Cannes también siguen las modas. Ahora ya no se lleva ni la cámara histérica ni los movimientos innecesarios ni los primerísimos primeros planos. Pero siguen haciendo, en esencia, el mismo cine. Temática social a palo seco y sin los aderezos clásicos de casi cualquier película no documental, es decir, sin ningún artificio que subraye los sentimientos, que guíe al espectador o que le prepare para la desgracia. Y ahí reside la seña de identidad del cine de los Dardenne, en esa honestidad absoluta para con la historia -siempre desgarradora- y para con los personajes -a los que no les queda ni un suspiro de humor-. El realismo social, como lo llaman, es lo que hace que algunos alaben este cine y lo que al mismo tiempo aburre a otros. Porque, seamos sinceros, el espectador medio está acostumbrado y, por tanto, necesita algún tipo de estímulo visual y auditivo para sentir el filme y no solamente verlo.

Sería injusto negar el buen pulso de esta película, su impecable guión y los excelentes actores, pero ese radical realismo social hace que no quepan las opiniones intermedias. O fascina o aburre. Es el extremo contrario del videoclip, donde el aderezo queda por encima la historia y no importa la autenticidad. Y hablando de un asunto paralelo, los espesos hermanos Dardenne estrenaron este filme hace ya unos dos años y llegan ahora a las pantallas españolas. Y eso que la película no es etrusca con subtítulos en arameo antiguo, sino belga, premiada en Cannes y realizada por autores multipremiados y de renombre. Poco más que decir sobre la excelente distribución cinematográfica en España.

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