Literatura

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Juraría que había dejado las luces apagadas cuando salí de casa. ¿Y eso? Pero si además huele a incienso.

- ¿Hay alguien por ahí?

Ostras, ¡qué susto me has dado! ¿Pero tú qué haces aquí? ¿Cómo has entrado?

− ¿Yo? ¿Pues cómo va a ser? Por La puerta.

− ¿Pero de qué demonios hablas? Si la puerta está cerrada con llave y tiene tres cerraduras. Además, ¿quién eres tú y qué estás haciendo en mi casa?

− Yo soy tú, Sandra, tu personaje en la novela de Albert Lladó, y acabo de entrar en tu casa a mientras la estabas leyendo.

− Dios mío, ésto no puede estar ocurriendo. ¿Me estás diciendo que tú eres yo y que has entrado en mí, y en mi casa, por La puerta.

− Tal cual.

− Lo siento, pero tú no puedes ser yo de ninguna manera. Ni nos parecemos físicamente, ni yo me llamo Sandra ni me comporto como ella en la novela?

− ¿Estás segura mamá Sandra?

− ¿Perdona?

− Nada, nada…Por supuesto que no eres la misma. ¿No te parecería muy aburrido que así fuera?¿Pura y simple mímesis? Cuando digo que yo soy tú, debes tener en cuenta que yo vengo de la ficción y que por lo tanto soy una versión superada de ti. Literatura y no simple realidad. Tú eres tan sólo un referente, un elemento más de la realidad que ha sido ficcionado por el autor y al que, probablemente, tan sólo has dotado de verosimilitud y añadido alguna que otra anécdota.

− Ah, no. Eso ni hablar, me niego a aceptar que la anécdota en la habitación de la fotocopiadora haya salido de mí o de mí como referente.

− Pues nada, aceptado, tú te lo perdiste, pero ya he dicho que yo, Sandra, no eres tan sólo tú, la compañera de piso del Albert que tú conoces, sino alguien creado por él, por su imaginación, y con el cual pueden identificarse otros lectores. ¿O creías que el protagonista es el mismo Albert que vivió contigo, aquél con el que viviste los bares y las charlas. No, mi querida referencia, La Puerta es una novela surgida de la necesidad del autor por expresarse, pero con ella no sólo se expresa él, sino todo aquél que quiera reconocerse en ella y que aprecie el valor de los ciclos vitales, de sus risas y sus olvidos, de los miedos y los aciertos. El valor, y ésto seguro que te suena, de no temer estar vivo. Pero si dices que me estás viendo, si La puerta ha conseguido alterarte, entonces es que ha valido la pena leerla.

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