Dos hermanas desesperadas por las nulas posibilidades de progreso socioeconómico que les ofrece el entorno y el futuro acaban montando un negocio de limpieza de escenas de crimen, con su sangre, sus vísceras y sus miembros desmembrados. Partiendo de este atractivo punto de partida nos podríamos encontrar con una comedia muy negra pero nos acabamos topando con una comedia gris más centrada en conocer a los dos personajes principales, empatizar con ellas y entender los motivos de sus acciones y sus necesidades. Y el mensaje queda claro: ayudar y, aunque sea limpiando restos humanos, darse cuenta de que hay otros que están aún peor, es muy reconfortante y ayuda a sentirse realizado. Que no llegue a ser una comedia totalmente negra no quiere decir que no esté impregnada de mala leche (si bien las protagonistas conectan de algún modo con sus clientes por haberse encontrado en su infancia en una situación similar).
Sunshine Cleaning es una de esas películas que se suele encuadrar dentro del llamado cine indie, que a fin de cuentas se ha convertido en un subgénero que mezcla el drama y la comedia sin dejar de ser cine clásico. Una familia disfuncional, algún personaje extremo y deslenguado a modo de alivio cómico, unos cuantos secundarios que nos dejan dibujar a los protagonistas y un estudiado ambiente de cotidiana peculiaridad. Si disfruta con este tipo de cine esta le gustará, se ajusta al canon a la perfección, incluyendo final feliz de regalo. Un guión bien armado, unos diálogos ajustados a lo estrictamente necesario y unos actores en estado de gracia nos permiten creer en una historia narrada con mucha maña, porque consigue hacer creíble lo improbable e ineluctable lo narrativamente forzado.
Merece la pena pararse en el punto flaco de este filme, el personaje del padre interpretado por Alan Arkin, que se parece demasiado al padre que interpretaba él mismo en Pequeña Miss Sunshine. Habla igual, se comporta igual, insiste en los mismos temas y trata al nieto de la misma manera, intentando introducirlo en las reglas de un mundo odiosamente capitalista. Si al menos hubiesen cambiado de actor se tardaría más en notar el parecido. El año y medio largo de retraso con el que se estrena en España esta película es otro asunto que está bien recordar para aquellos que se preguntan por qué la gente recala en páginas web, sí, de dudosa legalidad, pero que entienden que hoy en día la rapidez lo es todo.



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