¿Casualidad o causalidad?

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Permítanme que les diga que soy de la opinión de que el mundo está regido por un determinismo fuerte sin predictibilidad (esto último requeriría de un ser superior que conocería las cadenas causales de cada mota de polvo del universo). Es evidente que no existe tal ser omnisciente, ni el azar y en consecuencia tampoco el libre albedrío, lo que implica que tanto el que mata como el que ama no tuvieron otra opción cuando sucedió el hecho. De esto se deriva que un asesino no es culpable, ahí tenéis a Einstein: “Yo sé que filosóficamente un asesino no es responsable por el crimen que comete, pero preferiría no tomar té con él”. Visiónese “la Naranja Mecánica” para analizar el tema del libre albedrio. Así, como todo es física y química, nuestros pensamientos tampoco se libran de ello y nuestras vidas poseen una cadena causal genética y cultural que no podemos controlar porque el yo como algo autónomo no existe; lo que llamamos “yo” es lo que ciertamente Hume llamó “haz de impresiones”. Todo lo que sucede tiene una causa (Aristóteles dixit), una explicación; no digo que mañana esté escrito en algún lugar que la profesora de ética vaya a dar una mala clase (aunque en este caso todos sabemos que será así), sino que una vez ocurrido (que con toda probabilidad ocurrirá), no había otra opción de que ocurriera de otra manera porque la cadena causal le ha conducido inevitablemente hasta ese hecho. Cada átomo está en un lugar y no en otro por una causa, aunque no sepamos cuál, ya que debemos admitir por otra parte, los límites de la razón. Naturalmente, debemos “vivir la vida como si el libre albedrío de hecho existiera” (Einstein), sino apaga y vámonos. “Todo está determinado, tanto el principio como el fin, por fuerzas sobre las cuales no tenemos ningún control. Está determinado para los insectos así como para las estrellas. Seres humanos, vegetales, o polvo cósmico” (Einstein). Si prefieren a Voltaire, ahí va: “Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido”. Isak Borg, protagonista de “Fresas Salvajes”, se dice en la ceremonia final para sus adentros cuando repasa todos los acontecimientos que le han sucedido durante el día: “En esta cadena de eventos ligados al azar, pensé que podía vislumbrar una causalidad sorprendente”. El gran Asimov fue también partidario de este determinismo radical del que nada escapa aunque nuestro poder de raciocinio nos induzca a creer lo contrario: que somos nosotros los que decidimos todos y cada uno de los pasos de nuestras vidas. Nada más lejos de la realidad.

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1 Comment

  • por suerte nos queda el clinamen de epicureo y lucrecio,…

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