Cine y TV

Franklyn

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Franklyn abusa de la buena fe del espectador, porque durante una hora siempre sabemos menos de lo que debiéramos para estar realmente interesados por un supuesto clímax que llega, sí, pero cuando ya nos hemos aburrido. El principio del filme se prodiga en explicaciones sobre el mundo del héroe, Meanwhile City, mientras vemos el Londres actual a través de unos personajes más raros que un grupo de perros verdes patinando sobre hielo. Intuimos que la protagonista -lo mejor de la película, con diferencia- no sólo quiere suicidarse tantas veces como pueda para grabarlo y así presentar un escalofriante trabajo en su escuela de cine, pero tardamos demasiado en pensar en ello. Y, sin embargo, sabemos más de lo necesario sobre la paranoia del protagonista, un actor tan inexpresivo que se podría pensar que lo hace aposta.

Meanwhile City es un lugar extraño donde es obligatorio profesar una religión. Pero, ironías de la vida, el héroe enmascarado es perseguido por ateo, además de ser él mismo el perseguidor de los líderes religiosos más perversos. Todo esto lo sabemos gracias a la voz fuera de campo, que supone que no hay otra manera -audiovisual- de contar las cosas. En el mundo real, o aparentemente real, otros personajes confundidos nos llevan por un camino que tarda demasiado en aclararse, hasta que las caras empiezan a confundirse y los dos mundos se funden, con alguno más de regalo. Y entonces, sólo al final, parece que la protagonista adquiere la categoría al erigirse en el nexo de unión entre estos mundos… ¿paralelos?

El cómic fantástico, la ciencia ficción, el melodrama y la intriga no acaban de mezclase armoniosamente porque las dos -o tres- historias no corren a la par. Se encuentran en los últimos metros de la cinta porque una de ellas se da un acelerón difícil de digerir. Más hubiera valido acompasar los ritmos de las diferentes historias, quitarle un poco de misterio innecesario y no ser tan pedante, que no por ser deliberadamente misterioso se es más guay (en contraste con las prolijas explicaciones de los primeros minutos). No hay que esconder toda la información relevante porque entonces nos da igual lo que pase. No es bueno tener que suponer demasiados cabos sueltos. En suma, una idea interesante pero desperdiciada.

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