Lleó Fontova

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Ese león, actor de gatos y odeones, que mira al horizonte desde la Ciutadella. Cómplice de Pitarra, y del teatro catalán, pasaba las tardes en el Romea, y ahora nos observa, con las horas caídas, desde el parque. La gente corre escuchando música, paseando carritos de bebé, o haciendo el picnic de ‘La tempestad’. Él nos acompaña, en un silencio testimonial, que no interrumpe pero irrumpe. Que demuestra sin mostrarse, en exceso, como todo buen intérprete sabe.

El actor mira, escondido entre las viejas ramas, cómo transcurre esta historia, de ficción, como las suyas. La figura alargada del figurante. El también autor, de comedias y monólogos, se mueve por las aceras de finales del siglo XIX hasta convertirse, de manos de Rusiñol, en el hombre del órgano. El artista esculpe materiales inflamables.

Fontseca, el título que utilizaba sobre de los escenarios, se fija, impertérrito, en ese arco de triunfo que tantas derrotas ha padecido. Su ciudad, la de los teatros y las ideas, permanece dormida, poniendo el ocio y la cultura en el mismo saco, siempre roto. Ya no volverá a las Ramblas, y cambia las flores por el ruido de la cascada, por el césped que cuida del cemento de sus pieles.

Sus hijos, que prefirieron Buenos Aires para morir, relatan la música que deja esa columna, latente, jónica. El cabello, también jónico, camina hacia atrás, se recoge con el viento. La expresión seria del cómico, contundente, sabe que el teatro es cosa de poca broma. Así nos va por pensar lo contrario. Sin rugidos, otros nos arañan.

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1 Comment

  • Me interesa saber el nombre de la mujer de Fontova ¿Alguien me lo puede indicar?

    Gracias

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