¡Porque sí!

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La locura porque sí. El hechizo sin más, bajo el influjo de la luna creciente, porque no pudo ser de otra manera. Simplemente tuvo que ser así. Y me pregunto, por esa maldita manía del preguntar, si es que no podía realmente no ser. Popper me susurraba que sí, porque nunca quizo probar su homónima droga; por eso su cuerpo resentido se fue debilitando entre tanta musculación sin cardio. Y es que Popper nunca me importó demasiado, nunca le dejé razonar a lo ancho de mi mente. Qué más da. Menos mal que Platón tampoco ama el platonismo, y Maquiavelo no es maquiavélico sino más bien un sensato aburrido. Menos mal que las palabras son sólo eso, conceptos, migajas de pobre, que no llevan la razón de casi nada, porque ‘lo que eres me distrae de lo que dices’, como sintió Salinas alguna vez. Mientras tanto algunas células sensibles, vendidas a granel, se van marchitando por el paso de un tiempo lineal, y parece ser que no comprenderan jamás de los jamases que el espiral es la misma respiración, sin tiempo, que radia cuando radia y muere cuando respira, porque no hay más allá que el más acá. Porque hay vida antes de la muerte y realidades que ya no se excusan por existir. Porque las piedras se apartaron del camino cuando caminastes sobre ellas. Y es que el vitalismo no es otra cosa que fluir, dejarse fluir, lejos de las categorias enfermizas con mascarilla de oxígeno y camisa de fuerza. Porque la camisa nació para ser desatada ¡a lo lolailo! Desabrochada y partida. La locura porque sí, porque no hay otra forma de entender lo vivo. Y entonces me pregunto, por esa maldita manía del preguntar, que hace la filosofía para la vida, si todo es de color, como decía Lole y Manuel.

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