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Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos

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Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos es una extravagancia que nos divertiría mucho más si no fuese una versión de Sangre fácil. Como experimento estético es maravillosa, pero saber el final de la historia puede hacer aburrida la película para aquellos que conocemos la predecesora. Si no vieron la original de los Coen esta película les gustará más de lo que debiera, y si ya la vieron habrá demasiados prejuicios, les parecerá peor de lo que es y un simple ejercicio de estética. Versionar un filme de 1984 es correr demasiado.

Zhang Yimou fabrica un western con fideos en medio de un paisaje marciano y con un tono que va desde el puro pitorreo de la primera parte hasta el humor macabro de los últimos minutos. La mujer del propietario de la fonda de fideos trama el asesinato de su marido, un tipejo avaricioso y maltratador. Para ello compra una pistola, pero lo cierto es que no tiene el coraje para asesinarlo y piensa en pedirle el divorcio la misma noche que se emborracha y se queda dormida mientras el propietario de la fonda, el amante cobarde, el policía corrupto y el empleado tonto se van matando por un puñado de billetes.

El principal problema es que los personajes parecen sacados de diferentes géneros, en vez de ser una mezcla de géneros con un grupo compacto de personajes. El propietario y el policía parecen salidos de un spaguetti western, el amante y el empleado tonto son una caricatura burda que podría ser una mezcla entre Disney Channel y Una historia china de fantasmas y la protagonista sí viene directamente del universo Coen. El cóctel final es entretenido y visualmente impecable desde la extravagancia, pero los personajes están fuera de contexto y la credibilidad de la narración depende de la buena fe del espectador.

 

 

 

 

 

 

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