Hitos

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Las tetas. Periodo significativo donde los haya, tu libertad indeterminada se ve cercenada. Pablito y tú, que hasta ahora habéis sido iguales, o casi, tomáis posiciones. A ti te toca llevarlas y a Pablito desearlas. Los dos os hacéis mayores.

Fin de carrera. Descubres que cualquier tentativa de ser feliz es imposible. Desde ahora, tendrás que trabajar y ver desaparecer tu comodidad de estudiante. No importa, en eso consiste hacerse mayor, además, Pablito y Martita están igual que tú. Continúas.

Plan de puta madre. No sabes bien cómo lo has hecho, pero estás ahí. Viajas, aprendes y conoces a muchos Pablitos. Sigues llevándolas, pero sin resignación. Tienes claro la caducidad del periodo, sabes que acabará pronto y empiezas a urdir un plan nuevo.

Desilusión. Tus planes han fracasado, te toca buscar un trabajo y ganarte la vida. Te cuestionas sobre el sentido de la vida, pero sin planteamientos metáfisicos, más bien a lo práctico. Te parece gracioso, o mejor dicho, que tiene puta gracia el tener que trabajar para tener menos que cuando tirabas de tus padres.

Apaciguamiento. Las aguas recuperan la calma, vives con un Pablito y crees haber alcanzado la edad adulta. Tienes alguna que otra idea clara, o eso creías, hasta que todo se va a la mierda.

Mierda. Periodo cíclico que apesta, pero que como vino, desaparece.

La verdad de frente. Un día te sorprendes a ti misma cantando a coro una canción casposa de los ochenta. ”Mierda”, piensas. Ves claro que eres una pureta. El techo de la discoteca se cierne sobre ti, ves tu vida pasar en imágenes. ”¿Pero qué ha cambiado?”, te preguntas. Y lo ves de frente, las tetas empiezan a estar caídas, pero también te das cuenta de de aquel Pablito de la barra te está mirando. Qué simple es todo.

Luz fatua.

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